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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.34

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Página 34 de 200


Pero a la señora Mercado sí le importaba. Y de no
estar yo equivocada, esta última se consideró terriblemente ofendida por ello y, al
parecer, estaba dispuesta a vengarse de su rival si se le presentaba la ocasión.
La señora Leidner seguía bordando sus flores de seda. Parecía hallarse muy
distante. Pensé que era cosa de prevenirla. Tal vez no sabía cuán estúpidos,
irracionales y violentos pueden ser los celos y el odio, cuán poco se necesita para
hacerlos arder.
Pero entonces me dije:
"No seas tonta, Amy Leatheran. La señora Leidner no es ninguna chiquilla. Si no
ha llegado a los cuarenta, pocos le faltan. Debe estar enterada de todo cuanto hay que
saber en la vida.
Mas en el fondo de mí, abrigaba el presentimiento de que tal vez no lo supiera.
¡Tenía un aspecto tan inocente!...
Me pregunté cómo habría sido su vida. No ignoraba que se casó con el doctor
Leidner hacía dos años. Su primer marido, según dijo la señora Mercado, murió
cuando ella tenía veinte.
Cogí un libro y tomé asiento a su lado. Al cabo de un rato salí de la sala de estar y
fui a lavarme las manos para cenar. Fue una cena excelente en la que se sirvió un
curry??verdaderamente bueno. Todos se fueron a la cama muy temprano, de lo que me
alegré, pues estaba cansada.
El doctor Leidner me acompañó hasta mi dormitorio para ver si me faltaba algo.
Me estrechó la mano efusivamente y dijo con entusiasmo.
- Ha tenido éxito, enfermera. Se ha prendado de usted en seguida. Estoy muy
contento. Presiento que ahora todo irá bien.
Era casi infantil en su efusión.
Yo también me había dado cuenta de que a la señora Leidner no le había disgustado
mi presencia, por lo cual me sentí satisfecha.
Pero no compartía la confianza de su marido. Tuve el presentimiento de que bajo
todo aquello se ocultaba algo que él, posiblemente, no conocía.
Había algo... algo que no llegaba yo a comprender, que se palpaba en el ambiente.
Mi cama era cómoda, pero no pude dormir bien a causa de aquel presentimiento.


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