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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.33

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Página 33 de 200



Ella le escuchaba mientras bordaba unas flores de seda en un lienzo. Me volvió a
admirar su extraña apariencia, frágil y espiritual. Más parecía una criatura
legendaria que una persona de carne y hueso.
La señora Mercado exclamó con voz estridente:
- ¡Por fin te encontramos! Pensé que estarías en el laboratorio.
Su marido se sobresaltó y pareció desconcertarse, como si la entrada de ella hubiera
roto un encanto.
- Debo... debo irme - tartamudeó -. Estoy a mitad... a mitad...
Sin completar la frase, se dirigió hacia la puerta.
La señora Leidner, con su voz suave de acento americano, observó:
- Tiene que acabar de explicármelo en otra ocasión. Es muy interesante.
Levantó la vista para mirarnos; sonrió dulcemente, pero distraída y volvió a
inclinarse sobre su labor.
Al cabo de un rato indicó:
- Allí hay unos cuantos libros, enfermera. Tenemos una buena selección de ellos.
Escoja uno y siéntese.
Me dirigí a la librería. La señora Mercado se quedó durante unos minutos y luego,
sin decir nada, salió de la habitación. Le vi la cara al pasar junto a mí y no me gustó su
expresión. Parecía estar dominada por una furia sorda.
A pesar mío, recordé algunas de las cosas que dijo o insinuó la señora Kelsey acerca
de la señora Leidner. No me agradaba pensar que tales cosas fueran verdad, pues
desde el primer momento sentí cierto aprecio por la señora Leidner. Pero a pesar de
ello, no pude menos de preguntarme si en el fondo de todo aquello no habría algo más
de lo que se veía a simple vista.
No podía creer que la señora Leidner fuera ella sola responsable de lo que ocurría.
Pero debía contar con el hecho de que la poco agraciada señorita Johnson y la irascible
señora Mercado no podrían competir con ella, ni en presencia ni en atractivos. Y los
hombres siempre son los mismos, estén donde estén. De esas cosas se entera una en
seguida en mi profesión.
Mercado era un pobre diablo y su admiración por la señora Leidner no creo que a
ella le importara poco ni mucho.


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