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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.31

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últimamente? - pregunté.
- ¿Normal? Yo diría que no. Nos ha dado unos sustos terribles. Una noche se trató
de unos dedos que daban golpecitos en su ventana. Y luego fue una mano sin brazo
alguno que la sostuviera. Después, una cara amarilla pegada al cristal de la ventana.
Y cuando la señora Leidner corrió hacia allí, no había nadie... Bueno, ¿no le parece que
había para ponernos a todos los nervios de punta?
- Tal vez alguien le estaba gastando una jugarreta - sugerí.
- No. Todo fueron imaginaciones suyas. Y hace tres días, mientras comíamos,
dispararon unos tiros en el pueblo, que está a una milla de aquí. La señora Leidner dio
un salto y empezó a gritar, asustándonos a todos. Su marido corrió hacia ella y se
portó de una forma ridícula No es nada, cariño; no es nada, repitió otra vez. Yo creo,
enfermera, que hay veces en que los hombres animan a las mujeres a que se pongan
más histéricas. Es una lástima, porque resulta perjudicial. No deberían hacerlo.
- Desde luego, si se trata en realidad de fantasías - repliqué yo secamente.
- ¿Y qué otra cosa podría ser?
No contesté, porque no sabía qué hacer. Era un asunto curioso. Los disparos y los
consiguientes gritos podían considerarse como una cosa bastante natural tratándose
de una persona de condición nerviosa. Pero aquella extraña historia de una cara y una
mano espectrales era diferente. En mi opinión, podía tratarse de dos cosas: o bien la
señora Leidner se había inventado todo aquello, exactamente como hace un niño que
cuenta mentiras acerca de cosas que nunca ocurrieron, con el fin de atraer sobre él la
atención de los demás, o bien se trataba, como dije, de una broma de mal gusto. Era
una de esas cosas que un joven alegre y sin pizca de imaginación, como el señor
Coleman, podía encontrar enormemente divertidas. Decidí vigilarlo de cerca. Los
pacientes nerviosos pueden afectarse seriamente con una broma estúpida.
La señora Mercado siguió hablando mientras me miraba de soslayo.
- Es una mujer de aspecto romántico, ¿no lo cree así, enfermera? La clase de mujer a


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