Seis estudios de Psicología (Jean Piaget) - pág.11
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Esta especie de causalidad mágica) o "mágico-fenomenista" pone bastante de manifiesto el egocentrismo causal primitivo. En el curso del segundo año, por el contrario, el niño reconoce las relaciones de causalidad de los objetos entre sí: objetivá y localiza, pues, las causas.
La objetivación de las series temporales es paralela a la de la causalidad. En suma, en todos los terrenos encontramos esa especie de revolución copernicana que permite a la inteligencia sensorio-motriz arrancar el es espíritu naciente de su egocentrismo inconsciente radical para situarlo en un "universo", por práctico y poco "meditado" que sea.
Ahora bien, la evolución de la afectividad durante los dos primeros anos da lugar a un cuadro que, en conjunto, se corresponde bastante exactamente con el que permite establecer el estudio de las funciones motrices y cognoscitivas. Existe, en efecto, un paralelismo constante entre la vida afectiva y la vida intelectual. Aquí encontramos un primer ejemplo de ello, pero habremos de encontrar otros muchos, como veremos, en el curso de todo el desarrollo de la infancia y de la adolescencia. Esta constatación sólo sorprende si se divide, con el sentido común, la vida del espíritu en dos compartimientos estancos: el de los sentimientos y el del pensamiento. Pero nada más falso ni superficial. En realidad, el elemento al que siempre hay que remontarse, en el análisis de la vida mental, es la "conducta" propiamente dicha, concebida, tal como hemos intentado exponer brevemente en nuestra introducción, como un restablecimiento o un reforzamiento del equilibrio. Ahora bien, toda conducta supone unos instrumentos o una técnica: los movimientos y la inteligencia. Pero toda conducta implica también unos móviles y unos valores finales (el valor de los objetivos): los sentimientos. La afectividad y la inteligencia son, pues, indisolubles y constituyen los dos aspectos complementarios de toda conducta humana.
Partiendo de esto, está claro que al primer estadio de las técnicas reflejas corresponderán los impulsos instintivos elementales ligados a la nutrición, así como esa clase de reflejos afectivos que son las emociones primarias. Recientemente, en efecto, se va demostrado el parentesco de las emociones con el sistema fisiológico de las actitudes o posturas: los primeros miedos, por ejemplo, pueden estar relacionados con perdidas de equilibrio o contrastes bruscos entre un acontecimiento fortuito y la actitud anterior.
Al segundo estadio (percepciones y hábitos), así como a los inicios de la inteligencia sensorio-motriz, corresponden una serie de sentimientos elementales o afectos perceptivos relacionados con las modalidades de la actividad propia: lo agradable y lo desagradable, el placer y el dolor, etc.
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