Psicología y Pedagogía (Jean Piaget) - pág.6
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En otras palabras: se considera que un buen maestro enseña lo que se espera de él, ya que está en posesión de una cultura general elemental y de algunas recetas aprendidas que le permiten inculcarla en el espíritu de los alumnos.
Con este simple razonamiento se olvida que la enseñanza en todas sus formas implica tres problemas centrales cuya solución está lejos de ser conocida y sobre los que hay que preguntarse, además, cómo serán resueltos si no es con la colaboración de los maestros o, al menos, de una parte de ellos:
1. 1. ¿Cuál es el fin de esta enseñanza? ¿Acumular conocimientos útiles (y útiles ¿en qué sentido?)? ¿Aprender a aprender? ¿Aprender a innovar, a producir algo nuevo en cualquier campo, tanto como a saber? ¿Aprender a controlar, a verificar o simplemente a repetir? Etc.
2. 2. Una vez escogidos estos fines (¿y por quién o con el consentimiento de quién?) hay que determinar después cuáles son las ramas (o sus particularidades) necesarias, indiferentes o contraindicadas, para alcanzarlos: ramas de cultura, de razonamiento y, especialmente (lo que queda fuera de un gran número de programas), ramas de experimentación, formadoras de un espíritu de exploración y control activo.
3. 3. Cuando se han escogido estas ramas es necesario, finalmente, conocer las leyes de desarrollo mental para encontrar los métodos más adecuados al tipo de formación educativa deseada.
Trataremos más adelante cada uno de estos problemas cuya situación se ha modificado sensiblemente desde 1935; ahora la cuestión a resolver es la situación del cuerpo docente respecto a la investigación, y los obstáculos sociales que impiden a los maestros dedicarse a esta búsqueda de conocimientos elementales.
El primero de los obstáculos consiste en que ante la ignorancia de la complejidad de estos problemas, el público (y el público engloba también algunas autoridades escolares y hasta un apreciable número de maestros) no sabe que la pedagogía es una ciencia entre otras e incluso muy difícil, dada la complejidad de los factores en juego. Cuando la medicina aplica la biología y la psicología general a los problemas de la curación de las enfermedades no vacila sobre los fines a conseguir y utiliza ciencias ya avanzadas con las que colabora para la edificación de disciplinas intermedias (psicología humana, patología, farmacodinámica, etc.). Por el contrario, cuando la pedagogía intenta aplicar los datos de la psicología y la sociología se encuentra ante enrevesados problemas tanto en los fines como en los medios, recibe sólo ayudas modestas de sus ciencias precursoras, por la falta de un adelanto suficiente de estas disciplinas, y esto le dificulta la constitución de su cuerpo de conocimientos específicos (una psicología pedagógica que no es una simple psicología infantil aplicada deductivamente, una didáctica experimental, etc.
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