Sobre el bien o el uno (Plotino) - pág.10
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6.
¿Cuál es entonces el sentido de la palabra Uno y cómo armonizarlo con nuestro pensamiento? Admitimos que hay otros sentido que los de la unidad numérica y el punto; pues es claro que el alma, dejando a un lado la magnitud y la pluralidad, concluye en algo mínimo e indivisible, pero algo mínimo e indivisible que se encuentra en lo divisible y en lo que es otra cosa. Mas, lo que no está en otra cosa, no se encuentra asimismo en lo divisible y no es por consiguiente indivisible al modo como lo es ese mínimo; es de hecho la cosa mayor de todas y no porque sea la más grande sino por el poder que encierra, lo cual puede acontecer naturalmente con algo que carezca de extensión. En cuanto a ´los seres posteriores al Uno, son indivisibles y no tienen partes, si miramos a su potencia, pero no si miramos a su masa. Digamos que la infinitud del Uno no consiste en algo que no se pueda recorrer por su magnitud o por su número, sino en un poder al que no cabe señalar límites[vii]. Cuando nos lo imaginamos como una inteligencia o como un dios, no acertamos con toda su grandeza; y cuando lo unificamos con el pensamiento, aún resulta ser algo más que un dios y que todo lo que podemos representarnos de él, ya que el Uno es en sí y carece de accidente alguno. Podríamos quizá pensar en su unidad fijándonos en el hecho de que se basta a sí mismo. Porque es conveniente que posea en el más alto grado el carácter de suficiencia, de independencia y de perfección, de lo cual carece en parte toda cosa que es múltiple y no una. La esencia necesita de El en razón de su unidad, pero El en cambio ni siquiera necesita de sí mismo, puesto que es lo que es. Todo lo que es múltiple tiene necesidad de cuanto le constituye, y cada una de las cosas que le componen, existente con las otras y no en sí misma, necesita a su vez de las demás.
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