El hombre que despertó (Laurence Manning) - pág.44
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.. guardando
viejos rencores, como es propio de la juventud?
- Me iré en secreto, antes del amanecer - respondió Winters pensativamente -. Sé
cómo llegar allí. Cuando sea de día, me habré ocultado para siempre mucho antes
de que despierten los aldeanos.
- ¡Bien! Esperemos que sea así. ¿Cuándo te vas?
- ¡Mañana mismo!
Se despidieron con muchas palabras de advertencia y consejos. Winters se echó a
dormir, y le pareció que no habían transcurrido sino segundos cuando entró el
Guardamonte y lo sacudió para que despertara. Winters empezó a preparar las
cosas que se llevaría. El Stalvyn y el biólogo le ayudaron, a oscuras (no se
atrevían a encender la luz), y luego Winters ingirió un desayuno ligero antes de
despedirse definitivamente. Los tres amigos vieron cómo su silueta se desvanecía
entre los árboles y desaparecía en la noche oscura.
Durante casi una hora Winters siguió con muchas precauciones la carretera por
donde había venido. Estaba seguro de no haber hecho ruido al salir. Pareciéndole
que debía hallarse cerca del lugar, abandonó el camino y se adentró en el
bosque, donde esperó con impaciencia el amanecer. Pasó media hora oculto entre
los matorrales, junto al camino, hasta que la claridad fue suficiente para
proseguir. Antes de ponerse en marcha miró hacia la carretera desde su escondite
frondoso. ¡Horrorizado, vio a lo lejos dos figuras que avanzaban a toda prisa
hacia donde él estaba!
Con un jadeo de temor, volvió a adentrarse en el bosque. Era como buscar una
aguja en un pajar. Los segundos le parecían horas y sus oídos estaban atentos a
cualquier señal de sus perseguidores. Sudoroso, jadeante, con el corazón en un
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