El hombre que despertó (Laurence Manning) - pág.32
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utilizáis el alcohol metílico: un excelente sustituto.
Un joven se puso en pie de un salto, excitado.
- ¡Y por eso, camaradas, el extranjero cree que su época queda justificada,
después de agotar el petróleo y los combustibles del mundo! - dijo a voces.
Se oyó un rumor que concluyó con algunos gritos roncos y una agitación nerviosa
entre el público. Winters estaba cada vez más embotado por el cansancio, y no
lograba entender lo que ocurría.
- Lo que usted dice nos interesa sobremanera - explicó otro de los jóvenes que
estaban a su lado -. ¿Era corriente quemar carbón para obtener simplemente
calor?
- Sí. Se quemaba en todas las casas... también en la mía. Hubo un movimiento
amenazador entre el auditorio, como si se dispusieran a asaltar el estrado. La
multitud era como un paquidermo excitado, pese a su lentitud, por el continuo
aguijoneo de las afiladas lenguas de sus dirigentes.
- ¿Y también quemabais petróleo como combustible?
- Por supuesto. Todos lo quemábamos en nuestros automóviles.
- ¿Era algo normal cortar árboles con la mera finalidad de despejar terreno?
- Pues... sí. Yo plantaba árboles en mi propiedad, pero debo decir que también
tenía un gran espacio cubierto sólo de césped.
En este momento, Winters se sintió débil y mareado. Se dirigió humildemente al
joven que lo había traído:
- Creo que necesito descanso. Me encuentro mal.
- Sólo una pregunta más - respondió el otro en voz baja; luego agregó en voz
alta -: ¿Le parece que el Consejo de la Juventud debe tolerar que nuestra
herencia sea sacrificada, siquiera parcialmente, en nombre de la comodidad
actual?
- Si no se cometen excesos, en principio no veo nada malo en ello.
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