El hombre que despertó (Laurence Manning) - pág.27
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de las montañas y entregar el suelo de los valles a la erosión? ¿Acaso hemos de
darles las gracias por el desierto de Sahara o el de Gobi.
- Pero el Sahara y el Gobi ya eran desiertos cinco mil años antes de mi época.
- No sé qué significa eso de «tu» época. Pero si fue así, con más razón
debisteis aprender la lección que os daban esos desiertos. ¡Vamos! Me has
fastidiado con tus necedades. ¡Exijo el desquite! ¿Sigues afirmando que eres un
ser humano de la época del Derroche?
Winters guardó silencio, no sabiendo a qué atenerse. El Guardamonte rió
diabólicamente.
- ¡No importa! ¡Tú ya has afirmado que lo eres! De acuerdo. Puede comprobarse
fácilmente. De ser cierto, debe tener un apéndice y... sí... ¡pelo en el pecho!
Estas dos características no han aparecido en los últimos dos mil años. ¡Te
someteremos a una revisión y, si resulta que me has mentido, se pensará en un
castigo adecuado! Trataré de pensar en una recompensa tan divertida como tus
mentiras delirantes.
Tenía los ojos encendidos cuando apretó un pulsador oculto en el brazo del
sillón, y al poco entraron dos jóvenes. Físicamente Winters no estaba en
condiciones de resistirse, y le quitaron rápidamente la ropa. Su pecho no era
demasiado velludo, pero indiscutiblemente allí había pelo, y el Guardamonte se
acercó lanzando una exclamación de incredulidad. Luego cogió las ropas y palpó
con cuidado la tela, examinando con atención el lino a la luz de una lámpara
eléctrica empotrada en la pared.
- ¡Llevadlo a la sala de sanidad! - gritó.
El pobre Winters fue arrastrado sin miramiento por el pasillo e introducido en
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