El hombre que despertó (Laurence Manning) - pág.24
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más liberales... no egoístas, sino basadas en principios de sentido común. Por
desgracia, ha habido algunas palabras fuertes y la cuestión aún no está
solucionada, pues la actitud de ellos es casi fanática e irracional. Pero no
quiero aburrirte más con nuestros asuntos locales - intentó cambiar de
conversación.
Empleaba a menudo la expresión «gracias a nuestros antepasados», cosa que le
llamó la atención a Winters. Hasta ese momento, Winters había eludido una
cuestión: la historia de las épocas pasadas, durante las cuales se habían
emprendido todos aquellos cambios drásticos. Al concluir la cena, cuando llegó
el momento de narrar su historia según lo convenido, reflexionó sobre cómo
obtener tal información.
- He viajado mucho, pero a través del tiempo... no en distancia - empezó.
El Guardamonte se quedó con el tenedor en el aire y arqueó las cejas.
- ¿Qué tonterías dices? - inquirió.
- No son tonterías... Estas setas están realmente deliciosas... He logrado el
control de un estado de muerte aparente. Entré en letargo hace muchísimos años,
y he despertado esta mañana.
El Guardamonte se mostró incrédulo.
- ¿Cuánto tiempo crees que ha transcurrido?
- No lo sé con certeza - respondió Winters -. Mis instrumentos señalaban cierta
fecha pero, para estar absolutamente seguro, preferiría que me contaras la
historia de tu gente según vuestros conocimientos. Sólo necesito los hechos más
destacados.
- ¡Ja, ja! ¡Me prometiste tu historia y te muestras de lo más chistoso al
cumplir tu promesa, extranjero!
- ¡Al contrario! Hablo en serio.
- No te creo... pero podría ser un juego divertido. Veamos... El año pasado los
cinamomos dieron fruto por primera vez en las zonas de temperatura más baja de
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