El hombre que despertó (Laurence Manning) - pág.6
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con mi desaparición. Preveo esta posibilidad, porque es real. En efecto, me ha
ayudado a desaparecer, pero cumpliendo mis órdenes. Obedeció con lágrimas en los
ojos y después de negarse cien veces. Hasta el último instante ha sido, como
siempre, un servidor fiel y abnegado. Por favor, ocúpate de que no pase
necesidad hasta el fin de sus días.
Hijo mío, el descubrimiento y el estudio de los llamados rayos «cósmicos» ha
sido del mayor interés para nosotros, los biólogos. La vida es una reacción
química que consiste fundamentalmente en el continuo fraccionamiento de las
moléculas orgánicas, y su constante sustitución por estructuras nuevas,
sintetizadas a partir de los alimentos que ingerimos. La materia inorgánica es,
en comparación, muy estable. Un cristal de diamante, por ejemplo, está compuesto
de moléculas que no se dividen fácilmente. En él no hay cambio, no hay vida. Las
moléculas orgánicas y las células pueden considerarse «inestables». El porqué de
tal diferencia no fue correctamente comprendido ni explicado, hasta el
descubrimiento de los rayos cósmicos. Entonces sospechamos la verdad: el
bombardeo de los tejidos vivientes por esas minúsculas partículas de alta
velocidad provoca el incesante cambio infinitesimal que nosotros llamamos
«vida».
¿Adivinas ahora la naturaleza de mi experimento? He trabajado tres años en mi
idea. Herkimer, del Johns Hopkins, me facilitó el medicamento que voy a emplear.
Mortimer, de Harvard, construyó una pantalla aislante conforme a mis
instrucciones. Pero ninguno de los dos conocía la finalidad de mi investigación.
La radiación no puede atravesar un espesor de dos metros de plomo enterrados a
gran profundidad en el suelo. El año pasado instalé en mi finca, con ayuda de
Carstairs, la cámara protectora que acabo de describir.
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