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El milagro más grande del mundo (Og Mandino) - pág.44

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Mientras estas se hundían lentamente en llamas, Alejandro mandó llamar a sus hombres, y les dijo: "¿Observan como se queman sus barcos, ven como se convierten en cenizas que flotan en el mar? Esa es la razón por la cual debemos vencer, ya que ninguno puede abandonar esta despreciable tierra a no ser que salgamos victoriosos en la batalla. ¡Caballeros, cuando regresemos a casa lo haremos en los barcos de los otros!"

Simon no creía que una persona debiera continuar en un empleo que le hiciera desdichado o miserable. Citó a Faulkner para reforzar su argumento, tratando de imitar el acento sureño del gran escritor:

"Una de las cosas más tristes de la vida es que la única cosa que podemos hacer durante ocho horas diarias, día tras día, es el trabajo. No podemos comer durante ocho horas al día, ni tampoco beber, ni hacer el amor durante ocho horas diarias... todo lo que podemos hacer durante ocho horas es el trabajo. Esta es la razón por la cual el hombre es miserable y desgraciado". Entonces, para resumir esa conferencia en particular, volvería a recalcar que debería abandonarse el empleo que hiciera que nos sintiéramos desdichados. Señor Og, no es cierto que la piedra que rueda no cría moho. ¡Una piedra que rueda puede criar moho y mucho más!

Presentó a Mark Twain para ilustrar su creencia de que la experiencia era por lo general una cualidad sobrestimada. Casi pude observar al viejo Samuel L. Clemens, con su arrugado traje blanco, mientras decía:

"Deberíamos tener cuidado de obtener de una experiencia toda la sabiduría que contiene... no como un gato que se sienta sobre la estufa caliente. Nunca se volverá a sentar ahí... y eso está bien... pero tampoco se sentará en una fría.

Sentía poca compasión por aquellos que se quejaban de su condición o mala suerte debido a un impedimento ya fuera físico o del medio ambiente. Me recordó la ceguera de Milton, la sordera de Beethoven, la poliomielitis de Roosevelt, la pobreza de Lincoln, el trágico matrimonio de Tchaikovsky, los aterradores primeros días de pobreza de Isaac Hayes, la ceguera y sordera de Hellen KeIler y hasta la salida del ghetto de Archie Moore.


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