Middlemarch, Un estudio de la vida de las Provincias (George Eliot) - pág.301
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Sería un buen secretario, como Hobbes, Milton, Swift. Es ese tipo de hombre. -Entiendo -dijo la señora Cadwallader-. Alguien que sabe escribir discursos.
-Voy a buscarle, ¿eh, Casaubon? -dijo el señor Brooke-. No quería entrar hasta que yo le anunciara, ¿sabe? y bajaremos a ver el cuadro. Es su vivo retrato: el tipo de pensador profundo con el dedo índice señalando la página, mientras que San Buenaventura o no sé quién, bastante recio y florido, mira hacia la Trinidad. Todo es simbólico, esa clase elevada de arte. Me gusta eso, hasta cierto punto, pero sin extremarlo..., es extenuante de seguir. Pero ese es su terreno, Casaubon. Y su pintor ha pintado bien la carne: sólida, transparente y todo eso. Estuve muy impuesto en todo eso hace tiempo. Pero voy a buscar a Ladislaw.
CAPÍTULO XXXV
Non, Je ne comprends pas de plus charmant plaisir
Que de voir d´héritiers une troupe affligée,
La maintien interdit, et la mine allongée,
Lire un long testament où pales, étonnés,
On leur laisse un bonsoir avec un pied de nez.
Pour voir au natural leur tristesse profonde,
Je reviendrais, Je crois, exprès de l´autre monde.
(REGNARD: Le Légataire Universel.)
Podemos suponer que cuando los animales entraron en el Arca por parejas, las especies aliadas debieron hacer muchos comentarios privados unas sobre las otras, y se vieron tentadas de pensar que tantas variedades alimentándose de la misma reserva de comida eran eminentemente superfluas, puesto que disminuirían las raciones. (Me temo que el papel representado por los buitres en esa escena fuera demasiado doloroso para que el arte lo reflejara, estando esos pájaros en desventaja dada la desnudez de su gaznate y careciendo, aparentemente, de ritos y ceremonias.) El mismo tipo de tentación envolvió a los Carnívoros Cristianos que conformaban el cortejo funerario de Peter Featherstone, teniendo, la mayoría de ellos, puesta la vista en una reserva limitada de la cual cada uno de ellos hubiera querido sacar el máximo provecho. Los parientes consanguineos reconocidos desde siempre asi como los emparentados por matrimonio formaban ya un nutrido grupo, el cual, multiplicado por las posibilidades, ofrecía amplitud suficiente para las celosas conjeturas y las patéticas esperanzas. La envidia por los Vincy había creado una cofradía de hostilidad entre todos cuantos tenían sangre Featherstone, de forma que, en ausencia de una clara indicación de que uno de ellos fuera a recibir más que los otros, el miedo a que el larguirucho Fred Vincy heredara la tierra necesariamente predominaba, si bien seguía dejando abundante sentimiento y solaz para envidias más desdibujadas, como las que se sentían hacia Mary Garth.
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