Middlemarch, Un estudio de la vida de las Provincias (George Eliot) - pág.48
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Yo hubiera preferido a Chettam, y hubiera dicho que Chettam era el hombre que cualquier mujer elegiría. Pero nunca se sabe en estas cosas. Su sexo es caprichoso, ¿sabe? -Pero, ¿con quién me está diciendo que va a dejar que se case? -la mente de la señora Cadwallader pasaba rápida revista a las posibilidades de elección de Dorothea.
Pero en este momento entró Celia, resplandeciente tras su paseo por el jardín, y el intercambio de saludos le ahorró al señor Brooke la necesidad de contestar inmediatamente. Se levantó con precipitación y con un «Por cierto, he de hablar con Wright de los caballos» salió presuroso de la habitación.
-Mi querida niña, ¿qué es esto? ¿Qué es esto del compromiso de tu hermana? -dijo la señora Cadwallader. -Está prometida al señor Casaubon -dijo Celia, recurriendo, como de costumbre, a la exposición más simple del hecho, y disfrutando de la oportunidad de hablar a solas con la mujer del rector.
-Pero, ¡qué espanto! ¿Desde cuándo?
-Sólo lo sé desde ayer. Se van a casar dentro de seis semanas.
-Pues bueno, hija mía, que disfrutes de tu cuñado. -Lo siento tanto por Dorothea.
-¿Que lo sientes? Pero, es cosa suya ¿no?
-Sí; dice que el señor Casaubon tiene un alma grande. -No lo pongo en duda.
-Pero señora Cadwallader, no creo que pueda ser muy agradable casarse con un hombre de alma muy grande. -Bueno, hija, pues ya estás avisada. Ya sabes el aspecto que tienen; cuando venga el siguiente y quiera casarse contigo, no le aceptes.
-Estoy segura de que no lo haría.
-Bien, con uno así en la familia basta. ¿Así que tu hermana nunca se interesó por Sir James Chettam? ¿Qué habrías dicho tú de tenerle como cuñado?
-Me hubiera gustado mucho. Estoy segura de que hubiera sido un buen marido. Lo único -añadió Celia con un leve sonrojo (a veces parecía sonrojarse al respirar)- es que no creo que le fuera a Dorothea.
-¿No vuela lo suficientemente alto?
-Dolo es muy estricta. Piensa todo tanto y es tan especial con todo lo que se dice. Sir James nunca pareció gustarla.
-Pues debe haberle alentado. Eso no es muy encomiable. -Por favor, no se enfade con Dodo; ella no ve las cosas. Le gustaba tanto la idea de las casitas, y la verdad es que a veces fue un poco brusca con Sir James; pero él es tan agradable que ni se dio cuenta.
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