Middlemarch, Un estudio de la vida de las Provincias (George Eliot) - pág.14
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¿Es que a su hermana le gusta mortificarse? -continuó, volviéndose a Celia que estaba sentada a su derecha.
-Creo que sí -respondió Celia, temerosa de decir algo que disgustara a Dorothea y sonrojándose suavemente por encima del collar-. Le gusta renunciar.
-De ser eso cierto, Celia, mi renuncia supondría satisfacción y no mortificación. Pero puede haber muy buenas razones para escoger no hacer lo que resulta muy agradable -dijo Dorothea.
El señor Brooke estaba hablando al mismo tiempo, pero era evidente que el señor Casaubon observaba a Dorothea abiertamente y ella lo sabía.
-En efecto -dijo Sir James-. Su renuncia obedece a algún elevado y generoso motivo.
-No, no, en absoluto. No dije eso de mí misma -respondió Dorothea sonrojándose.
Al contrario que Celia, no solía ponerse colorada, y cuando le sucedía se debía o a un gran placer o a la irritación. En este momento estaba irritada con el perverso Sir James. ¿Por qué no le prestaba atención a Celia y dejaba que ella escuchara al señor Casaubon? -si es que ese hombre instruido se decidía a hablar en lugar de dejar que le hablara el señor Brooke, el cual, a la sazón, le informaba de que la Reforma significaba algo o no significaba nada, que él mismo era protestante hasta la médula, pero que el catolicismo era un hecho; y en cuanto a negar un acre de tu tierra para una capilla romana, todo el mundo precisaba la brida de la religión, lo cual, hablando con propiedad, significaba el miedo al Más Allá.
-Durante un tiempo estudié mucha teología -dijo el señor Brooke, como explicando la razón de la idea recién manifestada-. Conozco algo de todas las escuelas. Conocí a Wilberforcel(6) en su mejor momento. ¿Conoce usted a Wilberforce?
-No -dijo el señor Casaubon.
-Bueno, tal vez Wilberforce no fuera un gran pensador; pero de entrar yo en el Parlamento, como se me ha pedido que haga, me sentaría con los independientes, como hizo Wilberforce, y trabajaría por la filantropía.
El señor Casaubon inclinó la cabeza al tiempo que observó que era aquél un campo muy amplio.
-Sí -dijo el señor Brooke con su sonrisa amable-, pero poseo documentos. Hace ya tiempo que comencé a coleccionar documentos. Hace falta ordenarlos, pero cuando algo me ha llamado la atención, he escrito a alguien y he obtenido una respuesta. Tengo mucha documentación.
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