Juegos tradicionales, entretenimientos e información
    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia Juegos | Contacto

  Secciones > Libros Clásicos > No me digas que fue un sueño (Terenci Moix)

 

No me digas que fue un sueño (Terenci Moix) - pág.37

Indice General | Volver

Página 37 de 282



-Quiero que Dictias vuelva a verme tal como fui en la perfección de mi primavera. Si hay dolor en mi rostro, ponedle el disfraz de la hermosura. Vestid mi cuerpo con sedas y
pedrería, como la más vulgar de mis danzarinas. Y tú, Iris, no ahorres perfumes. Envuélveme con las aromas más penetrantes. Que mi sola presencia enerve los sentidos.
Sosígenes se inclinó indicando que abandonaba el camarote. No ocultaba una expresión de disgusto.
-Si te pones en manos de la superstición, significa que no necesitas mi consejo.
Cleopatra le dirigió la sonrisa lisonjera, que él conocía demasiado bien. Era una sonrisa conquistadora de universos.
-También me acompañarán el noble Epistemo y el joven sacerdote de Isis. Es mi voluntad que se compenetren.
Y volvió al espejo, para obligar a su belleza a resurgir de entre los muertos.
Reinaba la luna llena sobre el mundo cuando la reducida comitiva dejó atrás la ciudad de Tintiris1 sin entrar en ella. Escucharon desde lejos el bullicio de sus calles, la conformación de una actividad creciente, poco habitual en aquella zona. Pero la vecindad del gran templo de Hator, centro de peregrinaje desde antiguo, había enriquecido a sus habitantes, y lo que fuese un villorrio sin importancia era hoy una muestra esplendorosa de sofisticación y poderío.
Desde el interior de la litera que compartía con Epistemo, el joven Totmés contemplaba las lejanas luces de la ciudad con expresión de desdén absoluto. Y al volverse a su compañero, no encontró su habitual sonrisa irónica. Por el contrario, diríase que empezaba a comprender sus largos silencios y a respetar la intimidad de sus meditaciones.
En aquella ocasión era simple: para un joven servidor de los dioses, el comprobar que la religión podía convertirse en una forma de comercio representaba un golpe no menos duro por sabido. Para Totmés, aquél era un lugar santo, y la utilización de la divinidad con motivos de lucro le revolvía las entrañas, le llenaba de una furia que hubiese podido convertirle fácilmente en un flagelo de la justicia divina. Al fin y al cabo, no carecía de precedentes. Pues cuentan las historias más antiguas que, airados los dioses por la maldad en que había incurrido el género humano, enviaron a la tierra a la vaca celeste, a la dulce Hator, para que los castigase. Y tanto placer encontró Hator en el castigo que se aficionó a beber sangre, y tanta bebió que cayó en una embriaguez continua y funesta, pues casi dejó la tierra despoblada. Medida esta que no desaprobaba completamente Totmés al pensar que precisamente allí, en los vergeles que ahora atravesaban, tenía Hator un culto que servía para que unos hombres se enriqueciesen a costa de la piedad de otros.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-282  



Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Canales de tv online en vivo hd Cursos Gratis
Psicología
Biografías

Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z



Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  


Copyright ©1999-2015 Nuevarena.com Todos los derechos reservados