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No me digas que fue un sueño (Terenci Moix) - pág.6

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Pues ignoraban la clase de perfumes de cuya mezcla brotaba.
Perfumes que esparcían por doquier los esclavos negros de la nave.
¡Perfumes de las noches de Alejandría! Emanaciones entremezcladas de sándalo, de almizcle y ambarina; esencias de incienso, pachulí y la mirra que adormece los sentidos; fluctuaciones de heliotropo y azucenas combinadas con el zumo aceitoso que destilan las gardenias cuando han rozado el sexo de una virgen nabatea.
Al contacto con el aire, la mezcla lo teñía de luto. Y así emponzoñadas, las auras calan sobre los campesinos como una condena. La noche más pavorosa se adueñaba del día. Y todos lo interpretaron como un augurio del final del universo, según se anuncia en las inscripciones de los templos antiguos.
Los campesinos acogieron la catástrofe salmodiando cantos mortuorios aprendidos en los grandes funerales y transmitidos de una generación a otra.
Y cuando los esclavos que esparcían los perfumes descansaban un instante, la nube artificial se diluía. Y en medio de una breve pausa, semejante a un amanecer, surgían como un consuelo las familiares aguas del Nilo y, surcándolas, una soberbia proa en forma de papiro. Y sobre las estrías rosicler que el avance abría en la corriente, emergía la embarcación de Cleopatra Séptima.
¡Navegaba hacia la matriz de Egipto, la suprema majestad de Alejandría!
Entonces descubrieron los campesinos que la famosa embarcación iba de luto. Negras eran las velas, negra la cubierta, enteramente negros los mascarones y hasta los regios estandartes. ¿No anunciaba todo ello algún lúgubre prodigio? Hasta ayer fue . una nave suntuosa, más brillante aún que todo el oro de las minas del Sinaí, más deslumbrante que todos los colores de las columnas del templo de Amón. Fue igual que un cofre repleto de riquezas y hoy era urna para restos de difuntos. Surcó los mares hasta la misma Roma, y hoy parecía un cuervo viejo que sólo aspirase a morir en la ignota soledad de los desiertos.
¿Qué orden pronunciada en la lejana Alejandría destruyó el donaire de aquella galera, disimulándolo bajo un disfraz tan negro como la nube que aplastaba los azules del Nilo?
Había sido un grito de Cleopatra. Lo pronunció con los brazos en alto cual si invocase a todas las diosas de la venganza, fuesen griegas o egipcias:
-¡Muerte sobre mi amor ingrato! Que pongan luto a mi galera como pusieron oro cuando fui a su encuentro. Los tesoros de Egipto deslumbraron su codicia. Que el luto de Egipto sepulte para siempre su recuerdo. Luto en mi nave, ministros. Luto en los cielos. Y en el propio Nilo, luto.
Y todo fueron crespones y llevaron brazales los soldados y negras túnicas las damas de la que había sido la más amena entre las cortes.


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