Un cantante muerto (Michael Moorcock) - pág.17
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tocadiscos y se echó hacia atrás.
-Fue algo fabuloso -comentó.
Se quedó dormido. Empezó a temblar ligeramente. Su respiración fue haciéndose cada vez más pesada. Nadie advirtió que dormido, empezaba a vomitar. En aquel momento todo el mundo pensaba en otras cosas. Poco a poco, se fue ahogando, hasta dejar de respirar.
Al cabo de una hora, un negro entró en la habitación. Era alto y elegante. Irradiaba vitalidad. Vestía una camisa de seda blanca y unos tejanos blancos. Llevaba unas botas de cuero, llamativas, relucientes. Cuando el hombre se presentó, una chica empezó a despertarse. La muchacha parecía mareada.
-Hola -dijo el recién llegado-. Busco a Shakey Mo. Tenemos que irnos.
Echó una ojeada a todos los que dormían y se concentró en uno de ellos, algo apartado de los otros. Su cara y su camisa estaban llenas de vómitos. Su piel tenía una tonalidad verduzca, cadavérica, sucia. El hombre negro pasó entre los otros y se arrodilló junto a Mo. Escuchó su corazón y le tomó el pulso.
La chica le miraba estúpidamente.
-¿Está bien?
-Muerto -dijo en voz baja el recién llegado-. Se ha ido. ¿Quieres llamar a un médico o lo que sea, preciosa?
-¡Oh, Jesús!
El hombre negro se levantó y se dirigió hacia la puerta.
-¡Hey! -dijo la chica-. Te pareces a Jimi Hendrix, ¿le conoces?
-Claro.
-Tú no puedes ser... No lo eres, ¿verdad? Quiero decir, Jimi está muerto.
Jimi meneó la cabeza y mostró su famosa y espléndida sonrisa.
-Tonterías, cariño. No pueden acabar con Jimi.
Se fue riendo.
La chica bajó los ojos para contemplar aquel cuerpo pequeño, consumido, cubierto por sus propios vómitos. Se inclinó un poco para rascarse los muslos. Se puso muy seria. Y después salió de la habitación tan deprisa como pudo, tropezando con su vestido de algodón, hacia la calle. Estaba a punto de amanecer. Hacía frío. El tipo alto de la camisa y los tejanos blancos parecía no advertir el frío. Subió a una camioneta grande, una Mercedes, aparcada cerca del Bingo Hall. La camioneta se
puso en movimiento y la chica corrió tras ella.
El vehículo se detuvo ante un semáforo rojo en el cruce con Ladbroke Grove.
-¡Espera! -gritó la mujer-. ¡Jimi!
Pero la camioneta ya estaba en marcha antes de que pudiera alcanzarla.
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