Un cantante muerto (Michael Moorcock) - pág.12
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-Y es posible que no.
-Claro.
Mo divisó una gasolinera. El depósito estaba casi vacío y la luz roja se encendía intermitentemente en el tablero. Siempre sucedía igual, y casi nunca había tenido problemas. Se miró en el espejo y vio unos ojos perversos, los suyos, observándole fijamente. Por un momento pensó en mover un poco el espejo para comprobar si el reflejo de Jimi estaba también allí. Pero rechazó el pensamiento. Más alucinaciones. Debía superarlas.
Mo fue al lavabo mientras el encargado llenaba el depósito. Entre los graffiti de la pared, vulgares la mayoría, hubo uno que le llamó la atención: "Hawkwind es fabuloso". Quizá Jimi tenía razón. Quizá había pasado su momento y debía haberse quedado muerto. Mo se sintió angustiado. Hendrix había sido su único héroe. Se abrochó la bragueta y el esfuerzo agotó sus últimas fuerzas. Se tambaleó junto a la puerta. Cayó sobre aquel suelo asqueroso. Su boca estaba reseca, el corazón latía muy deprisa... Intentó recordar cuántas pastillas había tomado recientemente. ¿Había llegado al límite?
Se apoyó en la manivela de la puerta y se levantó penosamente. Se agachó en el lavabo y se metió un dedo en la boca. Todo daba vueltas. El lavabo estaba vivo. Una boca hambrienta intentando devorarle. Las paredes se alzaban y movían hacia él. Escuchó un sonido de silbido. No salía nada. Abandonó la idea de vomitar, se giró, y se concentró en no caer otra vez. Algunos hombrecillos blancos se pegaron a él intentando sostenerle. Se los quitó de encima, abrió la puerta de un golpe y salió. El encargado ya estaba poniendo la tapa del depósito. Se secó las gruesas manos en un trozo de trapo y volvió a guardarlo en los zahones, musitando algo. Sacó dinero del bolsillo y se lo dio al encargado.
-¿Estás bien, chaval?-preguntó una voz.
La mirada del hombre mostraba una preocupación sincera.
Mo murmuró algo y subió a la cabina.
El hombre reaccionó cuando Mo puso en marcha el motor, mostrando monedas y billetes.
-¿Qué pasa? -dijo Mo.
Intentó bajar la ventanilla. La cara del hombre tomó un aspecto de malicia, Mo vio al demonio. Pero ya estaba acostumbrado.
-¿Que hay?
-Tu amigo ya me ha pagado-le pareció oír a Mo.
-Sí, es cierto-intervino Jimi.
-Quédeselo -dijo Mo.
Tenía prisa por conducir. En cuanto estuviera en la carretera podría controlarse mejor.
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