Un cantante muerto (Michael Moorcock) - pág.6
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-¿Qué te parece el Lake District?-preguntó Mo.
-Vale. Soy el insensato guerrero de la gaviota, chico.-Sonrió-. ¿Podemos ir hacia el mar?
-No está lejos de aqui.-Mo senaló hacia el oeste-. ¿La Bahía de Morecambe?
La parte alta de los riscos estaba recubierta de musgo, tan uniforme como un canalizo. El mar suspiraba bajo ellos. Jimi y Mo estaban de buen humor, correteando por allí igual que niños.
A lo lejos, en la curva de la bahia, se vislumbraban los torreones, ferias y pequeñas pasajes de Morecambe. Pero allí todo estaba desierto y silencioso. De vez en cuando se oia chillar a una gaviota.
Mo reia. Luego empezó a gritar nerviosamente cuando vio que Jimi bailaba en el mismo borde del risco.
-¡Ten cuidado, Jimi!
-Tonterías. No pueden matarme.
Una sonrisa amplia, eufórica, llenaba su rostro. Su aspecto era realmente saludable.
-¡No pueden acabar con Jimi, chico!-repitió.
Mo recordó las actuaciones de Jimi. Un dominio total. Moviéndose entre flashes de luz, con la gran guitarra sobresaliendo de su cuerpo, apuntando a todos y a cada uno del público, haciéndoles sentir que estaban en contacto personal con Jimi.
-¡Claro!-Mo empezó a reír como un loco
Jimi revoloteó al borde del risco, agitando sin cesar sus brazos
-¡Soy el que los hace bailar! ¡Oh, muchacho! ¡No pueden hacerme nada
-¡Claro
En medio de movimientos sincopados, Jimi se dejó caer en el musgo, cerca de Mo.
Jadeaba. Enseñaba los dientes. -Ha vuelto, Mo. Fresco, nuevo. Mo asintió, sin dejar de reír. -Lo sé, chico. Está aquí. Mo alzó la vista. Había gaviotas por todas partes. Chillaban. Daban la impresión de
ser gente contemplando el espectáculo. Mo las odiaba. Había tantas... -No dejes que sus jodidas plumas se te claven en el cuello -dijo Mo de repente. Su rostro era sombrío. Se puso en pie y volvió a la camioneta. -Mo, ¿qué te ocurre, muchacho? Jimi se mostraba tan interesado como siempre, pero eso aún fue peor para Mo. La
bondad había matado a Jimi la primera vez. Siempre había sido atento con todo el mundo. No pudo evitarlo. Gente con muchos problemas recurrió a él. Y agotaron a Jimi.
-Volverán a atraparte, Jimi. Sé que lo harán. Siempre. No puedes hacer nada. No importa la energía que tengas, ¿sabes? Te la chuparán toda y aún pedirán más. Quieren tu sangre, tío.
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