Un cantante muerto (Michael Moorcock) - pág.4
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Tal vez por ello le costaba tanto a Jimi adaptarse.
Mo se sintió mucho mejor al despertar. Debía ser mediodía. El sol le calentaba la piel. Aspiró profundamente aquel aire puro y apartó el sombrero de su cara. La Mercedes, con sus adornos cromados, seguía estando en la hierba, cerca de la carretera. Mo notó la sequedad de su boca. Volvió a beber agua y se puso en pie, sacudiendo las plateadas gotas de sus morenos dedos. Caminó lentamente hacia la camioneta, abrió la puerta y miró por encima del asiento del conductor. Jimi no estaba allí, pero oyó ruidos en la parte trasera del vehículo. Mo saltó sobre los dos asientos y abrió la puerta intermedia. Jimi estaba sentado en una de las camas. Había levantado la mesa y dibujaba en un gran cuaderno rojo. Su sonrisa era distante cuando entró Mo.
-¿Buen sueño?-preguntó
-Sí, lo necesitaba-afirmó Mo
-Claro-dijo Jimi-. Quizá debería conducir un rato
-No hay problema. A menos que quieras ir más deprisa
-No
-Haré algo para desayunar. ¿Tienes hambre
Jimi negó con la cabeza. Durante todo el verano, desde que abandonó e
hidroavión y se unió a Mo, Jimi parecía no haber comido nada. Mo se preparó unas salchichas con judías en el pequeño hornillo, abriendo la puerta trasera para que el olor saliera de la camioneta.
-A lo mejor voy a bañarme -dijo colocando el plato en la mesa y sentándose lo
más lejos posible de Jimi, para no molestarle. -Vale-dijo Jimi, absorto en lo que dibujaba. -¿Qué estás haciendo? Parece una tira de comics. Me gustan mucho los comics. Jimi se alzó de hombros. -Sólo garabatos, chico, ya sabes. -Compraré algunos cuando volvamos a pararnos -dijo Mo, que ya había
terminado el desayuno-. Algunos de los nuevos son los nuevos dioses. ¿Los has visto? -No-repuso Jimi, con una sonrisa irónica.
-Realmente audaces. Guerras cósmicas, viajes en el tiempo. El material normal pero distinto, ¿sabes? Mejor. Más espectacular. Sensacional, chico. Oh, has de verlo. Compraré algunos.
-Espectaculares-dijo Jimi pensativo. No había estado escuchando.
Cerró el cuaderno y se recostó en los almohadones de plástico, recogiendo los brazos sobre su camisa blanca. De repente pareció pensar que a lo mejor había herido los sentimientos de Mo.
-Si-dijo-, yo también leía muchos comics. ¿Conoces los japoneses? Unas revistas muy gruesas. Oh, chico... son realmente espectaculares. Tipos ardiendo, violaciones.
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