Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.244
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-Yo también, maese Bowgentle, aunque sigo deseando que hubiéramos tenido aquella baraja. -El caballero ejecutó otra reverencia-. Hasta la vista, Oladahn, el más pequeño de los gigantes. Ojalá pueda escuchar vuestras fanfarronerías, cuando regreséis a la Kamarg.
-No tienen comparación con las vuestras, señor. -Oladahn se acarició los bigotes, satisfecho con su réplica-. Aguardaremos con ansia vuestra visita.
Hawkmoon avanzó por la reluciente carretera, ansioso de iniciar el viaje de vuelta al castillo de Brass, donde sus hijos se reunirían con su noble abuelo.
-Compraremos caballos en Karlye -dijo-. Allí tenemos crédito. -Se volvió hacia su hijo-. Dime, Manfred, ¿qué recuerdas de vuestras aventuras? -Intentó disimular la angustia que sentía por su hijo-. ¿Recuerdas muchas cosas?
-No, padre -respondió Manfred-. Me acuerdo de muy poco.
Cogió la mano de su padre y se puso a correr hacia la lejana orilla.
Así concluye la tercera y última Crónica del castillo de Brass.
Así concluye la larga historia del Campeón Eterno.
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