Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.243
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-Aún me queda algo de mi antiguo poder-replicó el hombre de las Orcadas, casi ofendido-. Y resulta fácil de usar mientras las Esferas sigan en conjunción. Y como fue en parte culpa mía, y en parte de aquellos siete que conocisteis en el mundo informe del limbo, me complacerá devolveros al viaje que, en un principio, habíais emprendido. -Una sonrisa casi alegre iluminó su rostro colorado-. Adiós a todos, héroes de la Kamarg. Volvéis a un mundo carente de toda autoridad. Tened la seguridad de que la única autoridad que buscaréis en el futuro es la serena autoridad que se deriva de la dignidad.
-Siempre fuisteis un moralista, Orland Fank. -Bowgentle palmeó el hombro del hombre de las Orcadas-. Aún así, reconozco que es un arte conseguir que una moral tan simple funcione en un mundo tan complicado.
-La culpable de las complicaciones es la oscuridad de nuestras mentes -respondió Orland Fank-. ¡Buena suerte! -Lanzó una carcajada y su gorra osciló sobre su cabeza-. Confiemos en que éste sea el final de la tragedia.
-Y el principio de una comedia, tal vez -dijo Huillam D´Averc, que sonrió y meneó la cabeza-. Vamos... ¡El conde Brass nos espera!
De repente, se encontraron en el Puente de Plata, entre los demás viajeros que se desplazaban en ambas direcciones, bajo el brillante sol invernal que arrancaba destellos plateados del mar.
-¡El mundo! -gritó Huillam D´Averc, muy tranquilizado-. ¡Por fin el mundo, por fin!
La alegría de D´Averc se contagió a Hawkmoon.
-¿Adónde vamos? ¿A Londra o a la Kamarg?
-¡A Londra, por supuesto, y ahora mismo! -exclamó D´Averc-. Al fin y al cabo, me espera un reino.
-Nunca fuisteis un cínico, Huillam D´Averc- dijo Yisselda de Brass-, y ahora no nos convenceréis de que lo sois. Dadle recuerdos de nuestra parte a la reina Flana. Decidle que no tardaremos en ir a verla.
Huillam D´Averc ejecutó una complicada reverencia.
-Y saludad de mi parte a vuestro padre, el conde Brass. Comunicadle que no transcurrirá mucho tiempo antes de que me siente junto a su fuego y beba su vino. ¿Sigue habiendo tantas corrientes de aire en el castillo?
-Os prepararemos una habitación conveniente a vuestra precaria salud-contestó Yisselda.
Cogió la mano de Manfred y la mano de Yamila. Por primera vez, se dio cuenta de que su hija sostenía algo. Era el gatito blanco y negro de Jhary-a-Conel.
-Maese Fank me lo dio, madre -dijo la niña.
-Trátalo bien -dijo su padre-, porque es un animal único en su género.
-Hasta la vista, Huillam D´Averc -se despidió Bowgentle-. Considero interesantísima la temporada que pasamos en el limbo.
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