Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.242
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-Nosotros lo creamos -dijo el capitán-. Mi hermano y yo.
-¡Vos! -Bowgentle sonrió-. Entiendo.
-¿Cómo os llamáis, señor? -preguntó Hawkmoon-. ¿Cómo os llamáis, vos y vuestro hermano?
-Sólo tenemos un nombre -dijo el capitán.
-Nos llamamos Hombre -respondió el timonel.
Cogió a su hermano del brazo y le guió de vuelta a la ciudad, lejos del círculo de estatuas.
En silencio, Hawkmoon, su familia y sus amigos les vieron alejarse. Fue Orland Fank quien rompió el silencio, con un carraspeo.
-Yo me quedaré. Mi misión ha terminado, así como mi búsqueda. He visto que mi hermano alcanzaba una cierta paz. Me quedaré en Tanelorn.
-¿Ya no tenéis dioses a los que servir? -preguntó Brut de Lashmar.
-Los dioses no son más que metáforas -contestó Orland Fank-. Como metáforas, podrían ser aceptables, pero jamás se les debió permitir la existencia. -Carraspeó de nuevo, como turbado por su siguiente comentario . El vino de la poesía se transforma en veneno cuando deviene política, ¿verdad?
-Nos agradaría que vinierais con nosotros al castillo de Brass -dijo Hawkmoon a los guerreros.
Emshon de Ariso jugueteó con su bigote y lanzó una mirada inquisitiva a John ap-Rhyss quien, a su vez, miró a Brut de Lashmar.
-Nuestro viaje ha terminado -dijo Brut.
-Sólo somos vulgares soldados -declaró John ap-Rhyss-. Ninguna historia nos considerará héroes. Me quedaré en Tanelorn.
-Empecé mi vida como maestro de escuela -dijo Emshon de Ariso-. Jamás se me ocurrió ir a guerrear, pero vi desigualdades, indignidades e injusticias, y creí que sólo una espada podía corregir tales desaguisados. Hice lo que pude. Me he ganado la paz. Yo también me quedaré en Tanelorn. Me gustaría escribir un libro.
Hawkmoon inclinó la cabeza, en señal de que respetaba su decisión.
-Os agradezco vuestra ayuda, amigos.
-¿No queréis quedaros con nosotros? -preguntó John ap-Rhyss-. ¿Acaso no os habéis ganado el derecho a permanecer aquí?
-Tal vez, pero aprecio en mucho el viejo castillo de Brass, y un amigo me aguarda en él. Quizá podamos hablar de lo que sabernos y enseñar a la gente cómo puede encontrar Tanelorn por sus propios medios.
-Si se les concede la oportunidad dijo Orland Fank-, la mayoría la encuentran. Sólo los dioses y la reverencia a la falacia, temerosa de su humanidad, impiden que accedan a Tanelorn.
-¡Ay, temo por mi personalidad, tan cuidadosamente moldeada! -rió Huillam D´Averc-. ¿Hay algo más aburrido que un cínico reformado?
-Que la reina Flana lo decida -sonrió Hawkmoon-. Bien, Orland Fank, sólo hablamos de despedidas, pero ¿cómo vamos a irnos ahora, que ya no hay entes sobrenaturales que dirijan nuestros destinos, ahora que el Campeón Eterno descansa por fin?
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