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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.241

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Ermizhad, sollozando, se arrodilló junto al cuerpo.

-¡Erekose! ¡Erekose!

-Ha pagado por fin -dijo Orland Fank-. Y por fin descansa. Encontró Tanelorn y os encontró a vos, Ermizhad..., y murió por ambos.

Pero Ermizhad no escuchaba a Orland Fank, porque estaba llorando, sumida en su dolor.


7. Regreso al castillo de Brass

-El momento de la conjunción casi ha pasado -anunció el capitán-, y el multiverso comienza otro ciclo. Libre de dioses, libre de lo que vos, Hawkmoon, denomináis «autoridad cósmica». Es posible que nunca más se necesiten héroes.

-Sólo ejemplos -dijo Jhary-a-Conel. Caminó hacia las estatuas, hacia un hueco abierto en sus filas-. Adiós a todos. Adiós, Campeón Que Ya No Eres Campeón, y adiós a vos en particular, Oladahn.

-¿Adónde vais, amigo? -preguntó el descendiente de los Gigantes de la Montaña, rascándose la mata de cabello rojo.

Jhary se detuvo y bajó al gatito blanco y negro de su hombro. Señaló el hueco entre las estatuas.

-Voy a ocupar mi lugar. Vos vivís. Yo vivo. Adiós, por última vez.

Se internó entre las estatuas y se transformó al instante en una más, petulante, sonriente, complacida consigo mismo.

-¿Hay un lugar para mí, también? -preguntó Hawkmoon a Orland Fank.

-Ahora no contestó el hombre de las Orcadas. Cogió el gato de Jhary-a-Conel y acarició su lomo.

El minimo ronroneó.

Ermizhad se levantó. Ya no lloraba. Sin decir nada a los demás, avanzó hacia las estatuas y también encontró otro espacio. Alzó la mano en un gesto de despedida, su piel adoptó el mismo color pálido de las estatuas circundantes y quedó petrificada. Hawkmoon observó que a su lado se erguía otra estatua, la estatua de Erekose, que había sacrificado su vida al aceptar la Espada Negra.

-Ahora-dijo el capitán-, ¿deseáis vos y los vuestros quedaros en Tanelorn? Os habéis ganado el derecho.

Hawkmoon rodeó con el brazo a sus hijos. Comprendió que eran felices y él también experimentó felicidad. Yisselda le acarició la mejilla y sonrió.

-No -contestó Hawkmoon-, creo que volveremos al castillo de Brass. No basta con saber que Tanelorn existe. ¿Y vosotros, D´Averc, Oladahn, Bowgentle?

-Tengo muchas cosas que contaros, Hawkmoon, junto a un buen fuego, con una copa de excelente vino de la Kamarg en mi mano, y buenos amigos a mi alrededor dijo Huillam D´Averc-. Mis relatos interesarán en el castillo de Brass, pero sólo conseguirán aburrir a los habitantes de Tanelorn. Os acompañaré.

-Y yo -dijo Oladahn.

Bowgentle parecía un poco indeciso. Contempló con aire pensativo las estatuas y las torres de Tanelorn.

-Un lugar interesante comentó-. Me pregunto qué lo creó.


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