Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.240
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Y el mundo se estremeció.
El inmenso círculo de estatuas tembló y amenazó con caer al suelo, y todos los espectadores contuvieron la respiración.
En algún lugar, algo cayó y se rompió en fragmentos invisibles.
Escucharon carcajadas procedentes del cielo, pero era imposible saber si las lanzaba la espada o el hombre.
Erekose, gigantesco y aterrador, levantó los dos brazos para descargar un segundo golpe.
La espada barrió los cielos, provocando una sucesión de rayos y truenos. Cortó las cadenas que sujetaban el otro platillo, que también cayó.
Y el mundo volvió a estremecerse.
-Habéis liberado al mundo de los dioses -susurró el capitán-, pero también de orden.
-Sólo de Autoridad -replicó Hawkmoon.
El timonel le dirigió una mirada de inteligencia, llena de interés.
Hawkmoon contempló la Joya Negra, apagada, sin vida. Luego, miró al cielo, cuando Erekose descargaba su tercer y último golpe.
Y brotó luz de los restos destrozados y un aullido extraño, casi humano, atronó el mundo. Todos quedaron cegados y ensordecidos.
Pero Hawkmoon oyó la única palabra que aguardaba. Oyó que la voz potente de Erekose gritaba:
-¡AHORA!
Y de repente, el Bastón Rúnico cobró vida en la mano derecha de Hawkmoon, y la Joya Negra empezó a latir, y Hawkmoon levantó los brazos para descargar un poderoso golpe, el único golpe que le estaba permitido.
Y descargó el Bastón Rúnico con todas sus fuerzas sobre la joya.
Y la joya se partió y gritó y gimió, y el bastón también se partió, y la luz oscura surgida de una se encontró con la luz dorada que brotaba del otro. Se oyó un chillido, un aullido, un sollozo, y el sollozo enmudeció por fin, y una bola de materia roja colgó entre los objetos, emitiendo un tenue brillo, porque el poder del Bastón Rúnico había aniquilado el poder de la Espada Negra. Después, el globo rojo se elevó hacia el cielo, cada vez más alto, hasta que colgo sobre sus cabezas.
Y Hawkmoon se acordó de la estrella que había seguido al Bajel Negro durante su viaje por los mares del limbo.
Y el rojo más encendido del sol absorbió al globo rojo.
La Joya Negra había desaparecido. El Bastón Rúnico había desaparecido. La Espada Negra y la Balanza Cósmica habían sido destruidas. Por un momento, sus sustancias habían buscado refugio en la joya y en el bastón, respectivamente, y fue en aquel momento, al destruirse mutuamente, cuando Hawkmoon pudo utilizar uno para destruir al otro. Erekose y él habían llegado a este acuerdo antes de que el primero aceptara la Espada Negra.
Algo cayó a los pies de Hawkmoon.
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