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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.239

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-Deprisa, Erekose dijo el ser-. ¡Coge la espada!

Erekose dio la espalda a Hawkmoon y levantó los ojos al cielo.

La Balanza Cósmica colgaba en el cielo, resplandeciente, con los platillos en perfecto equilibrio. Colgaba sobre la enorme agrupación de estatuas, sobre todas las manifestaciones del Campeón Eterno que habían existido, sobre todas las mujeres que habían amado, sobre todos los compañeros que había tenido. Y, en aquel momento, dio la impresión de que significaba una amenaza para todos.

Erekose avanzó tres pasos y se plantó frente al timonel. Ninguna expresión apareció en el rostro de ambos hombres.

-Dadme la Espada Negra -ordenó el Campeón Eterno.


6. El Bastón y la Espada

Erekose apoyó una enorme mano sobre el pomo de la Espada Negra y deslizó la otra bajo la hoja, levantándola.

-¡Ay! -gritó el ser-. ¡Estamos unidos!

Y fluyó hacia la Espada Negra y rió cuando penetró en ella, y la espada empezó a latir, a cantar, a irradiar fuego negro, y el ser desapareció.

Hawkmoon observó que la Joya Negra había regresado. Vio que Jhary-a-Conel la cogía.

El rostro de Erekose brilló con luz propia, una luz violenta, salvaje. Su voz era un rugido vibrante, un gruñido triunfal. Un ansia de sangre asomó a sus ojos cuando levantó la espada sobre su cabeza con las dos manos y contempló la larga hoja.

-¡Por fin! -chilló-. ¡Erekose se vengará de aquello que ha manipulado su sino durante tanto tiempo! Destruiré la Balanza Cósmica. Gracias a la Espada Negra compensaré los horribles sufrimientos padecidos durante las largas eras del multiverso! Ya no sirvo a la humanidad. Ahora, sólo sirvo a la espada. ¡Así me liberaré de la esclavitud de los eones!

Y la espada gimió y se retorció y su resplandor negro bañó el rostro de guerrero de Erekose y se reflejó en sus ojos enloquecidos.

-¡Ahora destruiré la Balanza!

Y la espada pareció levantar a Erekose del suelo y lanzarle hacia el cielo, hacia donde flotaba la Balanza, serena, en apariencia invulnerable, y Erekose, el Campeón Eterno, había adquirido proporciones gigantescas y la espada robaba luz a la tierra.

Hawkmoon, sin dejar de mirar, habló con Jhary-a-Conel.

-Jhary, colocad la joya en el suelo, frente a mí.

Y Erekose levantó los dos brazos para descargar un terrible golpe. Y golpeó una vez.

Dio la impresión de que diez mil campanas enormes sonaran a la vez, el sonido del cosmos al ser partido en dos, y la Espada Negra cortó los eslabones que sujetaban un platillo y éste cayó. El otro platillo se alzó y el astil osciló velozmente sobre su eje.


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