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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.236

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Sintió que la cabeza le daba vueltas.

El rostro del niño, aunque seguía siendo el mismo, había cambiado. Un aura oscura brillaba a su alrededor. Su sonrisa expresaba una impía alegría. Era el rostro del ser que había engullido la Joya Negra. Era el rostro de la Espada.

-¡He ganado!

Y el niño se puso a reír.

Y empezó a crecer.

Creció hasta adquirir el tamaño de una de las estatuas que rodeaban al grupo. Sus ropas cayeron al suelo y apareció un hombre desnudo, de piel oscura, boca roja erizada de colmillos, un ojo amarillo y brillante. Su presencia emanaba un inmenso y terrorífico poder.

-¡HE GANADO!

Miró a su alrededor, sin hacer caso del grupo.

-Espada -dijo-. Bien, ¿dónde está la espada?

-Aquí -dijo una voz nueva-. La tengo aquí. ¿Me ves?


5. El capitán y el timonel

-Fue encontrada en el Hielo Austral, al amanecer, poco después de que abandonarais aquel mundo, Erekose. Había llevado a cabo una acción por la humanidad que no la beneficiaba directamente, y su espíritu fue desalojado de ella.

El capitán miraba con sus ojos ciegos a la lejanía. A su lado estaba su gemelo, el timonel, con los brazos extendidos. Sostenía la gran espada negra sobre las palmas de las manos.

-Buscábamos esa manifestación de la espada -siguió el capitán-. Fue una larga búsqueda y perdimos nuestro barco.

-Pero ha pasado poco tiempo desde que nos separamos -dijo Erekose.

El capitán sonrió con ironía.

-El tiempo no existe -dijo-, sobre todo en Tanelorn, sobre todo durante la Conjunción del Millón de Esferas. Si el tiempo existiera, tal como lo conciben los hombres, ¿crees que Hawkmoon y tú podríais existir aquí a la vez?

Erekose no contestó. Apretó a su princesa eldren contra sí.

-¡DADME LA ESPADA! -rugió el ser.

-No puedo -respondió el capitán-, como bien sabes. Y tú no puedes cogerla. Sólo puedes residir (o estar contenido) en una de las dos manifestaciones, espada o joya. Nunca en ambas.

El ser rugió, pero no intentó avanzar hacia la Espada Negra.

Hawkmoon contempló el bastón que el niño le había entregado y comprobó que no se había equivocado: las runas del bastón correspondían en cierta manera a las de la espada. Habló al capitán.

-¿Quién fabricó estos artilugios?

-Los herreros que forjaron la espada hace mucho tiempo, cerca del principio del Gran Ciclo, necesitaban que un espíritu la habitara para darle poder sobre todas las demás armas. Hicieron un trato con este espíritu, cuyo nombre callaré. -El capitán se volvió hacia el ser negro-Lo aceptaste complacido. Se forjaron dos espadas y una parte de ti se acomodó en cada una, pero una de las espadas fue destruida, de manera que habitaste la segunda.


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