Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.235
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-Sin embargo, controláis nuestros destinos. -Los ojos de Erekose no se habían apartado ni un segundo de Emirzhad-. ¿Cómo?
-Porque nos dejáis.
-Bien, «Justicia», demuéstrame que eres fiel a tu palabra -dijo el ser llamado Espada.
-Di mi palabra de que serías admitido en Tanelorn -respondió el niño-. No puedo hacer más. Debes discutir el trato con Hawkmoon y Erekose.
-La Joya Negra a cambio de tus cautivos. ¿No es ése el trato? -dijo Hawkmoon-. ¿Qué te proporcionará la joya?
-Le devolverá parte del poder que perdió durante la guerra entre los dioses -explicó el niño-, y ese poder le permitirá procurarse más poder y entrar con facilidad en el nuevo multiverso que existirá después de la conjunción.
-Un poder que estará a vuestro servicio -dijo la figura negra a Hawkmoon.
-Un poder que jamás hemos deseado -replicó Erekose.
-¿Qué perdemos si accedemos? -preguntó Hawkmoon.
-Mi ayuda, casi con certeza.
-¿Por qué?
-No pienso decirlo.
-¡Misterios! -exclamó Hawkmoon-. En mi opinión, una discreción equivocada, Jehamiah Cohnahlias.
-No diré nada porque te respeto -dijo el niño-, pero si se presenta la ocasión, utiliza el bastón para destrozar la joya.
Hawkmoon cogió la Joya Negra de la mano de Jhary. Carecía de vida, sin el pulso familiar, y supo que estaba muerta porque la cosa que la habitaba se encontraba en este momento ante él, en otra forma.
-Bien -dijo Hawkmoon-, he ahí tu hogar.
Extendió la mano hacia el ser, con la Joya Negra sobre la palma.
Las cadenas de seda dorada se desprendieron de los miembros de los seis cautivos.
El ser, sonriente, confiado, un brillo de triunfo en sus ojos malvados, cogió la Joya Negra de la mano de Hawkmoon.
Hawkmoon abrazó a sus hijos. Besó a su hija. Besó a su hijo.
Erekose estrechó entre sus brazos a Ermizhad, sin poder hablar.
Y el Espíritu de la Joya Negra se llevó su trofeo a los labios.
Y se tragó la joya.
-Coge esto, deprisa -apremió el niño a Hawkmoon, y le tendió el Bastón Rúnico.
El ser negro chilló de alegría.
-¡Vuelvo a ser yo! ¡Vuelvo a ser más que yo!
Hawkmoon besó a Yisselda de Brass.
-¡Vuelvo a ser yo!
Cuando Hawkmoon levantó la vista, el Espíritu de la Joya Negra había desaparecido.
Hawkmoon se volvió con una sonrisa hacia el niño, Jehamiah Cohnahlias. El niño le daba la espalda en aquel momento, pero estaba volviendo la cabeza.
-He ganado -dijo el niño.
Su cabeza se volvió por completo. Hawkmoon creyó que su corazón iba a paralizarse.
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