Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.234
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-¡Oh, qué lujo de cadenas! -exclamó.
Hawkmoon reconoció a todos, excepto a uno. Y una fría cólera se apoderó de él.
-¡Yisselda! ¡Yamila y Manfred! ¡D´Averc! ¡Bowgentle! ¿Cómo es posible que seáis prisioneros de este ser?
-Es una larga historia... -empezó Huillam D´Averc, pero los gritos alegres de Erekose apagaron su voz.
-¡Ermizhad! ¡Mi Ermizhad!
La mujer, a la que Hawkmoon no había reconocido, era de una raza parecida a la Corum y Elric. A su modo, era tan hermosa como Yisselda. Muchos detalles de los rostros tan diferentes de ambas mujeres inducían un cierto parecido.
Bowgentle volvió su cara apacible de un lado a otro.
-De modo que por fin estamos en Tanelorn.
La mujer llamada Ermizhad tiraba de sus cadenas para acercarse a Erekose.
-Pensaba que estabais en poder de Kalan -dijo Hawkmoon, en medio de la confusión, a D´Averc.
-Yo también, pero diría que este caballero más bien chiflado interrumpió nuestro viaje a través del limbo...
D´Averc fingió pesar, mientras Erekose traspasaba con la mirada a la figura negra.
-¡Has de liberarla!
El ser sonrió.
-Primero, quiero la joya. Ella y los demás a cambio de la joya. Fue el trato que hicimos.
Jhary-a-Conel cerró sus dedos alrededor de la joya.
-¿Por qué no me la quitas? ¿No eres tan poderoso?
-Sólo un Héroe puede dársela-dijo el niño-. Y él lo sabe.
-En ese caso, yo se la daré -se ofreció Erekose.
-No -dijo Hawkmoon-. Si alguien tiene derecho, soy yo. La Joya Negra me convirtió en un esclavo. Ahora, al menos, podré utilizarla para proporcionar la libertad a mis seres queridos.
Una expresión ansiosa apareció en el rostro de la figura negra.
-Aún no -dijo el niño.
Hawkmoon no le hizo caso.
-Dadme la Joya Negra, Jhary.
Jhary-a-Conel miró primero a su supuesto «primo», y después a Hawkmoon. Vaciló.
-Es joya -dijo el niño en voz baja -es un aspecto de una de las dos cosas más poderosas que existen actualmente en el multiverso.
-¿Y la otra? -preguntó Erekose, mirando con anhelo a la mujer que había buscado durante toda la eternidad.
-La otra es esto, el Bastón Rúnico.
-Si la Joya Negra es el miedo, ¿qué es el Bastón Rúnico? -preguntó Hawkmoon.
-La justicia, el enemigo del miedo.
-Si ambos poseéis tanto poder -razonó Oladahn-, ¿por que nos habéis metido a nosotros en medio?
-Porque ninguno puede existir sin el Hombre -respondió Orland Fank-. Acompañan al Hombre a todas partes.
-Por eso estáis aquí -dijo el niño-. Nosotros somos vuestras creaciones
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