Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.229
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-¿Cómo he de ganarla?
-Ya lo descubrirás. Ahora, observa.
El chico señaló con su bastón la estatua de Elric.
Y todos miraron.
3. La muerte de los inmortales
Vieron que una estatua bajaba de su peana, el rostro inexpresivo, los miembros rígidos, y poco a poco sus facciones adoptaban el aspecto de la carne (si bien blanca como la cera) y su armadura adquiría color negro y se encarnaba en una persona auténtica. Y aunque la vida animaba sus rasgos, no les vio.
La escena que le rodeaba se había alterado mucho. Hawkmoon notó que algo en su interior le arrastraba cada vez más hacia el ser que había sido una estatua. Sus rostros casi se tocaban, pero el otro no era consciente de la presencia de Hawkmoon.
Entonces, Hawkmoon miró por los ojos de Elric. Hawkmoon era Elric. Erekose era Elric.
Estaba extrayendo la espada negra del cadáver de su mejor amigo. Sollozaba mientras la sacaba. Por fin, la espada surgió del todo y cayó a un lado, con un extraño sonido apagado. Vio que la espada se movía, se acercaba a él. Se detuvo y le contempló.
Se llevó un enorme cuerno a los labios y tomó aliento. Ahora contaba con la fuerza necesaria para soplar en el cuerno, mientras antes se encontraba débil. Poseía la fuerza de otro ser.
Sopló una nota con toda la energía de sus pulmones. El silencio cayó sobre la llanura rocosa. El silencio aguardó en las altas y lejanas montañas.
Una sombra empezó a materializarse en el cielo. Era una sombra inmensa y no era una sombra, sino un contorno, que pronto se consolidó. Era una mano gigantesca que sostenía una balanza, cuyos platillos oscilaban de forma errática. Los platillos se fueron estabilizando y la balanza, por fin, quedó equilibrada. La imagen alivió un tanto el dolor que experimentaba. Soltó el cuerno.
Por fin un indicio -se oyó decir-, y aunque sea una ilusión, al menos es tranquilizadora.
Pero cuando se volvió, vio que la espada se había elevado en el aire por voluntad propia. Le amenazaba.
-¡PORTADORA DE TORMENTAS!
La espada se hundió en su cuerpo, traspasó su corazón. La hoja absorbió su alma. Las lágrimas resbalaron de sus ojos mientras la espada absorbía; sabía que una parte de él jamás conocería la paz.
Murió.
Se alejó de su cuerpo caído y volvió a ser Hawkmoon. Volvió a ser Erekose...
Los dos aspectos de lo mismo vieron que la espada salía del cadáver del último Emperador Brillante. Vieron que la espada empezaba a cambiar de forma (si bien un fragmento de la espada no se alteraba, adquiría proporciones humanas y se erguía sobre el hombre al que había vencido).
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