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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.223

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-¡Yo tampoco sé cómo le he salvado! -Echó un vistazo a las inmóviles estatuas-. Me encontré de repente en un mundo apenas más sustancial que éste. Repelí a los que atacaban a vuestro amigo. Me desesperé al advertir que nuestros movimientos se hacían más y más lentos caí hacia atrás... ¡y aquí estamos otra vez!

-¿Cómo llegasteis a este lugar, Oladahn? -preguntó Hawkmoon.

-Mi vida ha sido confusa y mis aventuras peculiares desde la última vez que nos vimos, a bordo de aquel barco -respondió Oladahn-. Durante un tiempo fui prisionero del barón Kalan, incapaz de mover mis miembros, si bien mi mente continuaba funcionando con toda normalidad. Una situación muy desagradable. De repente, recobré la libertad.
Me encontré en un mundo donde se libraba una guerra entre cuatro o cinco facciones diferentes y serví en dos ejércitos, aunque nunca comprendí cuál era el problema. Luego, regresé a las Montañas Búlgaras, me enfrenté a un oso y llevé las de perder. Después, arribé a un mundo metálico, donde era el único ser de carne y hueso entre una variada colección de máquinas. A punto de ser despedazado por una de dichas máquinas, que no carecía de cierta inteligencia filosófica, fui salvado por Orland Fank, a quien sin duda recordaréis, y transportado al mundo del que acabo de escapar. Fank y yo hemos buscado el Bastón Rúnico en ese mundo, plagado de ciudades y conflictos. Mientras paseaba con Fank por un barrio particularmente violento de una ciudad, fui asaltado por una gran partida de hombres. Cuando se disponían a asesinarme me quedé petrificado de nuevo. Este estado ha durado horas o años, cuestión que nunca aclararé, hasta que fui rescatado por vuestro camarada. Decidme, Hawkmoon, ¿qué ha sido de nuestros demás amigos?

-Es una historia larga y, para colmo, apenas sé explicar lo que ha ocurrido.

Hawkmoon resumió algunas de sus aventuras. Habló del conde Brass de Yisselda y de sus hijos desaparecidos, de la derrota de Taragorm y el barón Kalan, y del desajuste producido en el multiverso por obra de sus insensatos planes.

-De D´Averc y Bowgentle no puedo deciros nada -concluyó-. Se desvanecieron al igual que vos. Yo diría que sus aventuras habrán sido comparables a las vuestras. ¿No consideráis significativo que hayáis sido salvado tantas veces de una muerte cierta?

-Sí. Pensé que gozaba de alguna protección sobrenatural, aunque acabé cansado de saltar de la olla a la sartén. ¿Qué tenemos aquí?

Se acarició el bigote, miró a su alrededor y saludó con un cabeceo a Brut, John y Emshon, que le miraban con asombro reprimido.

-Considero significativo que nos hayamos reunido de nuevo. ¿Dónde está Fank?


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