Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.221
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-¡No! -le oyeron gritar-. ¡No!
-¿Es eso lo que queda del hechicero? -preguntó John ap-Rhyss.
-No -contestó Erekose-. Es lo que queda de nuestra némesis.
-¿Lo sabéis, pues? -pregunto Hawkmoon.
-Creo que sí.
-Contadme. Me ha martirizado desde que comenzó mi aventura. Creo que fue eso lo que me apartó de Yisselda, de mi propio mundo.
-Estoy seguro de que no posee tanto poder-dijo Erekose-. Sin embargo, es indudable que aprovechar su ventaja le complajo. Sólo lo había visto una vez en esta manifestación.
-¿Cómo se llama?
-De muchas formas -contestó Erekose, con aire pensativo.
Retrocedieron hacia las ruinas. La aparición se había desvanecido otra vez. Vieron enfrente dos nuevas sombras, dos enormes sombras. Eran las sombras de Agak y Gagak, las sombras del aspecto que tenían cuando los héroes llegaron. Los cadáveres se habían quemado por completo, pero las sombras perduraban.
-¿Me decís uno? -preguntó Hawkmoon.
Erekose se humedeció los labios antes de contestar, y después le miró a los ojos.
-Me parece comprender por qué al capitán le repugnaba especular, divulgar cualquier información de la que no estuviera seguro. Es peligroso, en estas circunstancias, llegar a conclusiones precipitadas. Tal vez, a fin de cuentas, esté equivocado.
-¡Oh! exclamó Hawkmoon-. Decidme lo que sospecháis, aunque sólo sean simples sospechas.
-Creo que uno de los nombres es Portadora de Tormentas.
-Ahora ya sé por qué me daba miedo la espada de Elric.
No volvieron a abordar el tema.
Libro tercero
En el cual se descubre que muchas cosas son una sola
1. Prisioneros en las sombras
-Somos como fantasmas, ¿verdad?
Erekose yacía sobre un montón de piedras destrozadas y levantó la vista hacia el rojo sol inmóvil.
-Una conversación entre fantasmas...
Sonrió para expresar que sólo hablaba para pasar el rato.
-Tengo hambre -dijo Hawkmoon-. Eso me demuestra dos cosas: que estoy hecho de carne normal y que ha pasado bastante tiempo desde que nuestros camaradas volvieron al barco...
Erekose olfateó el frío aire.
-Sí. Me pregunto por qué me he quedado. Tal vez nuestro destino consista en quedarnos varados aquí... Qué ironía, ¿no? Por buscar Tanelorn, tenemos derecho a existir en todas las Tanelorns. ¿Es posible que sólo queden estos restos?
-Sospecho que no. En algún lugar encontraremos puertas de acceso a los mundos que nos interesan.
Hawkmoon se acomodó sobre la espalda de una estatua caída y trató de distinguir una sombra reconocible entre las muchas que había.
A unos metros de distancia, John ap-Rhyss y Emshon de Ariso buscaban entre los escombros una caja que Emshon estaba seguro de haber visto cuando se dirigían a luchar contra Agak y Gagak, y que contenía algo de valor, en su opinión.
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