Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.212
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Hawkmoon vio que la gran espada negra se alzaba, pero ya no sintió temor hacia ella cuando su espada subió a su encuentro. Las cuatro espadas se tocaron, y las cuatro puntas se encontraron sobre el centro exacto del estanque.
Cuando las espadas se encontraron, Hawkmoon notó que un gran poder henchía su alma. Oyó el grito de Elric y adivinó que el albino experimentaba la misma sensación. Hawkmoon odió aquel poder. Le esclavizaba. Deseó huir de él, incluso ahora.
-Comprendo. -Era la voz de Corum, pero surgía de los labios de Hawkmoon-. Es la única manera.
-¡Oh no, no!
Y la voz de Hawkmoon brotó de la garganta de Elric.
Hawkmoon sintió que su nombre se desvanecía.
-¡AGAK! ¡AGAK! -La sustancia del estanque se retorció, bulló y saltó-. ¡DEPRISA! ¡DESPIERTA!
Hawkmoon sabía que su personalidad se estaba disolviendo. Era Elric. Era Erekose. Era Corum. Y también era Hawkmoon. Algo de él seguía siendo Hawkmoon. Y era miles más... Urlik, Jherek, Asquiol... Formaba parte de una gigantesca y noble bestia...
Su cuerpo había cambiado. Flotaba sobre el estanque. Los vestigios de Hawkmoon lo vieron un segundo antes de que se integraran en el ser principal.
A cada lado de su cabeza había una cara, y cada cara era la de un compañero. Serenas y terribles, sus ojos no parpadeaban. Tenía ocho brazos y los brazos estaban inmóviles; se había arrodillado ante el estanque sobre ocho piernas, y los colores de su armadura e indumentaria se mezclaban y diferenciaban al mismo tiempo.
El ser aferró una gigantesca espada con sus ocho manos y la espada despidió una siniestra luz dorada.
-Ay, ahora estoy completo -pensó.
Los Cuatro Que Eran Uno bajaron la monstruosa espada hasta apuntar directamente a la frenética materia que hervía en el estanque. La materia temía a la espada. Gimoteó.
-Agak, Agak...
El ser de quien Hawkmoon formaba parte reunió todas sus energías y clavó la espada en la materia.
Olas sin forma aparecieron en la superficie del estanque. Su color viró de un amarillo enfermizo a un verde malsano
-Agak, me muero...
La espada siguió bajando, inexorablemente. Tocó la superficie.
El estanque se agitó de un lado a otro. Trató de salirse por los bordes y derramarse sobre el suelo. La espada se hundió más y los Cuatro Que Eran Uno notaron que la espada extraía nuevas energías. Se oyó un quejido; poco a poco, el estanque se serenó. Quedó en silencio, quieto, gris.
Entonces, los Cuatro Que Eran Uno descendieron al estanque para que les absorbiera.
Hawkmoon cabalgaba hacia Londra, acompañado de Huillam D´Averc, Yisselda de Brass, Oladahn de las Montañas Búlgaras.
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