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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.210

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De vez en cuando, un lado se hacía casi transparente y era posible ver las ruinas de la ciudad que se extendía más abajo y el otro edificio, todavía conectado por una red de tubos y cables.

Se escuchaban ruidos en la cámara. Suspiros, susurros, burbujeos. Procedían de un gran estanque situado en el centro de la estancia.

Los guerreros fueron entrando de mala gana en la cámara, y de mala gana miraron al interior del estanque y vieron la sustancia que contenía, tal vez la materia de la propia vida, que se movía sin cesar, adoptaba formas (rostros, cuerpos, miembros de toda clase de animales y hombres), estructuras que rivalizaban con las de la ciudad por su variedad
arquitectónica, paisajes en miniatura, firmamentos, soles y planetas desconocidos, seres de increíble belleza o absoluta fealdald, escenas de batallas, de familias compartiendo la paz de sus hogares, de cosechas, ceremonias, festejos, vehículos conocidos y extraños a la vez, que surcaban los cielos, la oscuridad del espacio, o navegaban bajo las aguas, de materiales desconocidos, maderas inusuales, metales peculiares.

Hawkmoon tenía la vista clavada en el estanque, fascinado, hasta que una voz rugió desde su interior, revelando por fin su origen.

-¿QUE? ¿QUÉ? ¿QUIÉN ME INVADE?

Hawkmoon vio en el estanque la cara de Elric. Vio la cara de Corum, y también la de Erekose. Cuando reconoció la suya, reculó.

-¿QUIEN ME INVADE? ¡AY, ESTOY DEMASIADO DÉBIL!

Elric fue el primero en reaccionar.

-Somos aquellos que van a destruirte. Somos aquellos de los que deseas alimentarte.

-¡AY! ¡AGAK! ¡AGAK! ¡ESTOY ENFERMA! ¿DONDE ESTAS?

Hawkmoon, Corum y Erekose intercambiaron miradas de perplejidad. Ninguno supo explicar la reacción del hechicero.

Hawkmoon vio a Yisselda en el estanque, y a otras mujeres que le recordaron a Yisselda, aunque no se le parecían. Gritó y se precipitó hacia adelante. Erekose le contuvo. Las figuras de las mujeres se evaporaron y fueron sustituidas por las torres retorcidas de una ciudad extraña.

-ME DEBILITO... NECESITO ABASTECERME DE ENERGIA... HEMOS DE PROCEDER AHORA, AGAK... NOS COSTO TANTO LLEGAR A ESTE LUGAR. PENSÉ QUE POR FIN IBA A DESCANSAR, PERO LA ENFERMEDAD REINA AQUI. SE HA APODERADO DE MI CUERPO. AGAK. DESPIERTA, AGAK. ¡DESPIERTA !

Hawkmoon controló los estremecimientos que sacudían su cuerpo.

Elric miraba con suma atención al estanque. Su rostro pálido expresó una repentina comprensión.

-¿Algún sirviente de Agak, encargado de defender la cámara? -sugirió Hown Encantaserpientes.

-¿Despertará Agak? -Brut paseó la mirada por la cámara octogonal-. ¿Vendrá?

-¡Agak! -Ashnar el Lince levantó la cabeza en un gesto de desafío-. ¡Cobarde!

-¡Agak! -gritó John ap-Rhyss, mientras desenvainaba la espada.



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