Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.208
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Hawkmoon clavó la espada bajo las costillas del animal, sabiendo que era demasiado tarde para salvar a Keeth el Apenado, cuyo cuerpo había caído al suelo viscoso. Corum apareció y atacó al ser por el otro lado. La bestia gruñó, se revolvió contra ellos y sus zarpas les buscaron. Sus ojos adquirieron un tinte vidrioso. Se derrumbó sobre el cadáver de Keeth.
Hawkmoon no esperó a que le atacaran, sino que saltó sobre los cadáveres hacia el barón Gotterin, a quien otro simio anaranjado había acorralado. Los colmillos arrancaron su gorda cara del cráneo. Gotterin chilló una vez, casi en son de triunfo, como si hubiera demostrado su teoría. Después, murió. Ashnar el Lince utilizó su espada como un hacha y decapitó al asesino de Gotterin. Estaba de pie sobre el cuerpo de otro mono muerto. Había acabado con dos de los atacantes sin ayuda. Rugía una canción de combate. Estaba loco de alegría.
Hawkmoon sonrió al bárbaro y corrió en ayuda de Corum. Infligió un profundo corte en el cuello del mandril. Un chorro de sangre cegó sus ojos un momento y pensó que estaba perdido, pero el animal había muerto. Corum lo apartó con el pomo de la espada.
Hawkmoon observó que Chaz de Elaquol también estaba muerto, pero que Nikhe el Tránsfuga continuaba con vida, pese a una profunda herida en la cara. Reingir la Roca estaba caído de espaldas con la garganta destrozada, en tanto John ap-Rhyss, Emshon de Ariso y Thereod de las Cavernas habían logrado sobrevivir al combate con heridas de escasa importancia. Los hombres de Erekose habían salido peor librados. El brazo de uno de ellos colgaba de jirones de piel, otro había perdido un ojo y a un tercero le habían cortado una mano. Los demás les atendían lo mejor posible. Brut de Lashmar, Hown Encantaserpientes, Ashnar el Lince y Otto Blendker estaban ilesos.
Ashnar contempló con aire triunfal los cadáveres de dos simios.
-Empiezo a sospechar que vamos a pagar cara esta empresa -dijo. Jadeaba como un sabueso después de rematar una buena cacería-. Cuanto menos tardemos, mejor. ¿Qué opináis, Elric?
-Estoy de acuerdo. -Elric agitó su temible espada y cayeron gotas de sangre-. Vamos.
Sin esperar a los demás, se encaminó hacia la cámara de enfrente, que despedía una peculiar luz rosa. Hawkmoon y los otros le siguieron.
Elric miró al suelo, horrorizado. Se agachó y cogió algo. Hawkmoon notó que algo aferraba sus piernas. El suelo de la cámara estaba cubierto de serpientes (largos y delgados reptiles, del color de la carne y sin ojos) que se enroscaron alrededor de sus tobillos. Hawkmoon utilizó su espada y cortó dos o tres cabezas, pero no sirvió de nada.
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