Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.207
Indice General
|
Volver
Página 207 de 244
-Brut de Lashmar señaló un desgarrón de su capa-. Lo controla una poderosa brujería.
-Ya lo sabíamos -dijo Ashnar el Lince.
Sus ojos de bárbaro escudriñaban el terreno.
Otto Blendker, otro hombre de Elric, se secó el sudor que cubría su negra frente.
-Estos hechicheros son unos cobardes. No dan la cara. -Casi gritaba-. ¿Acaso es su aspecto tan detestable que temen nuestras miradas?
Hawkmoon comprendió que Blendker estaba hablando por si los dos hechiceros, Agak y Gagak, le escuchaban, con el fin de avergonzarles y obligarles a salir. Sin embargo, no obtuvo respuesta. Se internaron por una serie de pasillos, que cambiaban de dimensiones con frecuencia y, en ocasiones, eran casi infranqueables. La luz también era inconstante y avanzaban a menudo en una oscuridad total. Tuvieron que cogerse de la mano para no separarse.
-El pasillo no para de ascender -murmuró Hawkmoon a John ap-Rhyss, que caminaba a su lado-. Debemos estar cerca de la azotea del edificio.
Ap-Rhyss no contestó. Apretaba los dientes como si intentara disimular su miedo.
-El capitán dijo que los hechiceros tal vez cambiarían de forma -explicó Emshon de Ariso-. Deben de cambiar con frecuencia, porque estos pasillos no están destinados a seres de ningún tamaño en concreto.
-Me muero de ganas por enfrentarme a esos ladinos -dijo Elric desde la vanguardia.
-Decían que aquí había tesoros -rezongó Ashnar el Lince-. Pensé que valía la pena jugarse el pellejo por un buen botín, pero no hay nada de valor. -Tocó la pared-. Ni piedra, ni ladrillo. ¿De qué están hechas estas paredes, Elric?
Hawkmoon se había preguntado lo mismo y aguardó la contestación del albino, pero éste meneó la cabeza.
-Eso también me tiene perplejo, Ashnar.
Hawkmoon notó que Elric contenía el aliento, vio que alzaba su extraña y pesada espada, y aparecieron nuevos enemigos. Eran bestias de boca roja y pelaje anaranjado. Resbalaba saliva por sus colmillos amarillos. Elric clavó su espada en el estómago de un animal cuando sus garras se abatieron sobre él. Semejaba un gigantesco mandril, y el mandoble no lo había matado.
Otros de los simios se abalanzó sobre Hawkmoon y esquivó con hábiles saltos todos sus golpes. Hawkmoon comprendió que, solo, no tenía ninguna posibilidad de salir bien librado. Vio que Keeth el Apenado, indiferente a su propia seguridad, acudía en su ayuda, con la gran espada en alto y una expresión resignada en su rostro melancólico. El
mono desvió su atención hacia el Apenado y se lanzó sobre él con todo el peso de su cuerpo. La espada de Keeth se hundió en su pecho, pero el simio logró clavarle los colmillos y ya surgía sangre de la yugular seccionada.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
201
202
203
204
205
206
207
208
209
210
211
212
213
214
215
216
217
218
219
220
221
222
223
224
225
226
227
228
229
230
231
232
233
234
235
236
237
238
239
240
241
242
243
244
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-244
|