Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.206
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-¿Quién? ¿Quién? ¿Quién?
Hawkmoon, con inusitado humor, pensó que era la voz de un gigantesco búho enloquecido.
-¿Quién? ¿Quién? ¿Quién me invade?
Hown, ayudado por los demás, se puso en pie. Continuaron cuando los movimientos del pasillo remitieron, mientras la voz continuaba murmurando, distraída, como para sí.
-¿Qué me ataca? ¿Qué?
No había explicación para el fenómeno. Todos estaban desconcertados. No dijeron nada, y permitieron que Elric les guiara hasta una sala bastante grande.
El aire de la sala era todavía más caliente y dificultaba la respiración. Un fluido viscoso caía del techo y resbalaba por las paredes. Hawkmoon experimentó náuseas y un fuerte deseo de dar media vuelta. Entonces, Ashnar el Lince chilló y señaló a los animales que surgían de las paredes y se arrastraban hacia ellos con las fauces abiertas. Eran cosas semejantes a serpientes. Hawkmoon sintió un nudo en la garganta.
-¡Atacad! -gritó la voz-. ¡Destruid eso! ¡Destruidlo!
El tono de la orden era terrible, irracional.
Los guerreros se dividieron instintivamente en cuatro grupos y se aprestaron a defenderse.
Las bestias, en lugar de dientes auténticos, tenían afilados salientes óseos en la boca, como cuchillos gemelos, y producían un horroroso sonido metálico mientras arrastraban sus cuerpos deformes y repugnantes sobre el suelo viscoso.
Elric fue el primero en desenvainar la espada y Hawkmoon se distrajo un momento cuando vio alzarse sobre la cabeza del albino su enorme espada negra. Habría jurado que la espada gemía, que poseía vida propia. Olvidó eso y hundió la espada en las bestias que reptaban a su alrededor. Su carne se abría con nauseabunda facilidad y desprendía un hedor insoportable. La atmósfera se enardeció más y el fluido de las paredes adquirió una textura más viscosa.
-¡Abríos camino entre ellas! -gritó Elric-. ¡Dirigíos hacia aquella abertura!
Hawkmoon vio la puerta y comprendió que el plan de Elric era el mejor, dadas las circunstancias. Avanzó, seguido de sus hombres, destruyendo de paso a numerosas bestias. Como resultado, el hedor aumentó y Hawkmoon experimentó náuseas.
-¡Es fácil dar buena cuenta de estos bichos, pero cada uno que matamos disminuye nuestra posibilidad de sobrevivir! -exclamó Hown Encantaserpientes.
-Nuestros enemigos han sido astutos, sin duda-respondió Elric.
Elric fue el primero en llegar a la puerta e indicó con un gesto que le siguieran.
Los demás le alcanzaron. Las bestias se mostraron reacias a seguirles. El aire era más respirable. Hawkmoon se apoyó contra la pared del pasillo y escuchó la conversación que sostenían los demás, pero carecía de fuerzas para intervenir.
-¡Atacad! ¡Atacad! -ordenó la voz, pero no fue obedecida
-Este castillo no me gusta nada.
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