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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.201

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-No hace mucho, me creía sin camaradas. Ahora tengo muchos. Sólo por este motivo combatiré con ellos.

Sus palabras complacieron a Erekose.

-Puede que sea la mejor de las razones.

El capitán tomó la palabra de nuevo, los ciegos ojos perdidos en la lejanía.

-Esta misión carece de recompensa, excepto la certidumbre de que vuestro éxito ahorrará al mundo muchos sufrimientos. Vos, Elric, aún obtendréis una recompensa inferior a la de los demás.

Elric aparentó disentir, pero Hawkmoon no pudo leer la expresión del albino cuando contestó.

-Tal vez no.

-Como digáis. -El capitán adoptó un tono más relajado-. ¿Más vino, amigos míos?

Bebieron y esperaron a que continuara. Levantó la cabeza, como si se dirigiera al cielo, y habló con voz distante.

-En esa isla hay unas ruinas, acaso de una ciudad llamada en otro tiempo Tanelorn, y en el centro de estas ruinas se alza un solo edificio. Es el que utilizan Agak y su hermana. Debéis atacarlo. Supongo que lo reconoceréis enseguida.

-¿Y hemos de matar a ese par?

Erekose habló como si la tarea fuera ínfima.

-Si podéis. Tienen servidores que les ayudan. También habéis de matarlos. Después, el edificio ha de ser pasto de las llamas. Esto es muy importante. -El capitán hizo una pausa-. Incendiado. No debe ser destruido de otra forma.

Hawkmoon observó que Elric sonreía.

-Existen pocos métodos más para destruir un edificio, señor capitán.

Hawkmoon consideró la observación absurda, y muy educada la respuesta del capitán.

-Sí, cierto. No obstante, es mejor que recordéis mis palabras.

-¿Conocéis el aspecto de esos dos, Agak y Gagak?

El capitán meneó la cabeza.

-No. Es posible que parezcan seres de nuestros mundos, y es posible que no. Pocos les han visto. No ha mucho que han podido materializarse.

-¿Cuál es la mejor manera de vencerles? -preguntó Hawkmoon, casi en son de broma.

-Con valentía e ingenio -respondió el capitán.

-No sois muy explícito, señor dijo Hawkmoon, en un tono similar al de Hawkmoon.

-Soy lo más explícito posible. Ahora, amigos míos, sugiero que descanséis y preparéis vuestras armas.

Salieron a la sempiterna niebla. Se aferraba al barco como un animal desesperado, que se agitaba y les amenzaba.

El estado de ánimo de Erekose había cambiado.

-Tenemos escaso libre albedrío, por más que queramos engañarnos. Tanto si morimos como si no en esta empresa, poco influirá en el esquema general de las cosas.

-Creo que sois pesimista, amigo -dijo Hawkmoon con sarcasmo.

Habría continuado, pero Corum le interrumpió.

-Realista.

Llegaron al camarote que compartían Erekose y Elric.


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