Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.199
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¿Habéis dormido bien?
-¿Dormir? -se sorprendió Hawkmoon-. ¿Vos habéis dormido? ¿Dónde dormís?
Brut frunció el ceño.
-¿Nadie os ha informado de las literas que hay abajo? ¿Cómo habéis podido pasar tanto tiempo despierto?
-Dejémoslo correr -se apresuró a intervenir Corum.
-Bebed el vino -dijo Brut en voz baja-. Os revivificará.
-¿Nos revivificará, o nos inducirá el mismo sueño?
Rabia y amargura se estaban apoderando de Hawkmoon.
Corum sirvió vino a los dos y casi empujó la copa hacia la mano de Hawkmoon. Parecía alarmado.
Hawkmoon hizo ademán de tirar el vino, pero Corum apoyó su mano plateada sobre el brazo de Hawkmoon.
-No, Hawkmoon. Bebed. Si el vino consigue que el sueño sea coherente para todos nosotros, tanto mejor.
Hawkmoon titubéo un momento, disgustado por los pensamientos que cruzaban por su mente, y bebió. El vino estaba bueno. Ejerció la misma influencia que el vino del capitán. Su estado de ánimo mejoró.
-Tenéis razón -dijo Corum.
-El capitán desea que los Cuatro se reúnan con él, ahora -anunció Brut.
-¿Tiene más información que proporcionarnos? -preguntó Hawkmoon, consciente de que los otros guerreros presentes escuchaban con atención. Uno a uno se acercaron a la jarra de vino y se sirvieron. Bebieron como él había bebido, con rapidez.
Hawkmoon y Corum se levantaron y siguieron a Brut. Mientras caminaban por la cubierta, rodeados de niebla, Hawkmoon intentó ver algo más allá de la barandilla, pero no pudo. Entonces, observó a un hombre apoyado en la barandilla, en actitud pensativa. Reconoció a Elric y le llamó en un tono más cordial que antes.
-El capitán solicita que los Cuatro nos reunamos con él en su camarote.
Hawkmoon vio que Erekose salía de su camarote y les saludaba con un movimiento de cabeza. Elric se apartó de la barandilla y les precedió hasta la cubierta de proa y la puerta rojiza. Entraron en el calor y el lujo del camarote.
El rostro ciego del capitán les dio la bienvenida. Indicó con un gesto el cofre donde guardaba la jarra y las copas de plata.
-Servíos, amigos míos.
Hawkmoon descubrió que tenía muchas ganas de beber, al igual que sus compañeros.
-Estamos cerca de nuestro destino -informó el capitán-. No tardaremos en desembarcar. No creo que nuestros enemigos nos esperen, aunque la batalla contra esos dos será muy dura.
Hawkmoon había tenido la impresión de que iban a luchar contra mucha gente.
-¿Dos? ¿Sólo dos?
-Sólo dos.
Hawkmoon miró a los otros, pero tenían la vista fija en el capitán.
-Hermano y hermana-dijo el ciego-. Hechiceros de otro universo.
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