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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.198

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Elric se encogió de hombros con arrogancia.

-Yo no sirvo a otro amo que a mí.

Hawkmoon sonrió. Los otros dos también sonrieron.

-Uno es proclive a olvidar avatares como éstos, al igual que se olvida un sueño -murmuró Erekose.

-Esto es un sueño -respondió Hawkmoon con gran convicción-. Últimamente, he tenido muchos sueños parecidos.

-Toda la existencia es como un sueño -intervino Corum, actuando de mediador.

Elric hizo un ademán de desdén que Hawkmoon consideró algo irritante.

-Sueño o realidad, la experiencia es la misma, ¿no?

-Muy cierto -sonrió Erekose.

-En mi mundo -terció Hawkmoon-, sabíamos diferenciar muy bien sueño de realidad. ¿No es cierto que estas vaguedades inducen en nosotros una forma peculiar de letargia mental?

-¿Nos podemos permitir pensar? -preguntó Erekose, casi con violencia-. ¿Podemos permitirnos esos análisis tan minuciosos? ¿Podéis vos, sir Hawkmoon?

Hawkmoon comprendió de repente cuál era el sino de Erekose. Comprendió que también era el suyo. Se sumió en el silencio, avergonzado.

-Recuerdo que fui, soy o seré Dorian Hawkmoon -dijo Erekose, en un tono más conciliador-. Me acuerdo.

-Y ése es vuestro grotesco y terrorífico sino -dijo Corum-. Todos compartimos la misma identidad, pero sólo vos, Erekose, las recordáis todas.

-Ojalá mi memoria no fuera tan precisa -suspiró el hombre-. Durante mucho tiempo he buscado Tanelorn y a mi Ermizhad. Y ahora se acerca la Conjunción del Millón de Esferas, cuando todos los mundos se cruzan y se abren senderos entre ellos. Si encuentro el camino correcto, veré a Ermizhad de nuevo. Veré a todos mis seres queridos. Y el Campeón Eterno descansará. Todos descansaremos, porque nuestros destinos están íntimamente entrelazados. Mi hora ha llegado otra vez. Ahora sé que ésta es la segunda conjunción de la que soy testigo. La primera me arrancó de mi mundo y me lanzó a guerrear sin tregua. Si desaprovecho la segunda, nunca conoceré la paz. Ésta es mi única oportunidad. Rezo para que naveguemos hacia Tanelorn.

-Yo rezo con vos dijo Hawkmoon.

-Debéis hacerlo -dijo Erekose-. Debéis hacerlo, señor.

Cuando los otros dos se marcharon, Hawkmoon accedió a jugar una partida de ajedrez con Corum, aunque seguía reacio a pasar mucho tiempo en su compañía. La partida fue extraña; cada uno anticipaba con toda exactitud la jugada de su oponente. Corum aceptó la experiencia con aparente buen humor. Rió y se reclinó en la silla.

-Es un poco absurdo continuar, ¿no?

Hawkmoon asintió, tranquilizado, y aún se tranquilizó más cuando Brut de Lashmar entró con una jarra de vino caliente en su mano enguantada.

-Con los saludos del capitán -dijo, y depositó la jarra en un hueco situado en el centro de la mesa-.


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