Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.197
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Mirad Hawkmoon, ésta es la persona de la cual os hablé.
El albino se quedó estupefacto.
-¿Me conocéis, señor?
Corum sonrió.
-Me habéis reconocido, Elric. ¡Es preciso! En la Torre de Voilodion Ghagnasdiak... Con Erekose, aunque era un Erekose diferente.
-No tengo ni idea de semejante torre, no recuerdo ningún nombre parecido a ése, y ésta es la primera vez que veo a Erekose. -Elric miró a su acompañante, Erekose, como si suplicara su ayuda-. Me conocéis y conocéis mi nombre, pero yo no os conozco. Todo esto me resulta desconcertante, señor.
El otro habló por primera vez. Su voz era profunda, vibrante y melancólica.
-Yo tampoco conocía al príncipe Corum -dijo Erekose-, aunque insista en que luchamos juntos. En cualquier caso, me siento inclinado a creerle. El tiempo no transcurre de la misma forma en los diferentes planos. Es posible que el príncipe Corum exista en lo que nosotros denominamos futuro.
Hawkmoon descubrió que su cerebro se negaba a escuchar más. Anhelaba la relativa sencillez de su mundo.
-Pensaba que aquí encontraría cierto alivio a estas paradojas -dijo. Se frotó los ojos y la frente, y acarició un momento la cicatriz que le había dejado la Joya Negra-. Por lo visto, no hay escapatoria en el momento actual de la historia de los planos. Todo fluye, y hasta nuestras identidades pueden alterarse en cualquier momento.
Corum insistió en dirigirse a Elric.
-Éramos Tres. ¿No lo recordáis, Elric? Los Tres Que Son Uno.
Elric no sabía de qué hablaba Corum.
-Bien. -Corum se encogió de hombros-. Ahora somos Cuatro. ¿Dijo algo el capitán acerca de una isla que vamos a invadir?
-En efecto. -El recién llegado miró sus rostros uno a uno-. ¿Sabéis cuáles son nuestros enemigos?
Hawkmoon ya tenía en gran aprecio al albino.
-Sabemos lo mismo que vos, Elric. Yo busco un lugar llamado Tanelorn y a dos niños. Tal vez busque también el Bastón Rúnico. No estoy muy seguro.
-Una vez lo encontramos -dijo Corum, ansioso de despertar los recuerdos de Elric-. Nosotros tres. En la Torre de Voilodion Ghagnasdiak. Nos fue de considerable ayuda.
Hawkmoon se preguntó si Corum estaba loco.
-A mí tampoco me iría mal -dijo-. Le serví en una ocasión. Le dediqué un gran esfuerzo.
Miró a Elric, porque el rostro blanco le resultaba más familiar a cada momento. Comprendió que no temía a Elric. Era la espada que el albino llevaba; eso era lo que Hawkmoon temía.
-Como ya os he dicho, Elric, tenemos mucho en común. -Erekose intentó aliviar la tensión que flotaba en el ambiente-. Quizá compartimos los mismos amos, por ejemplo.
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