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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.190

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Era el más joven del grupo y se movía con cierta torpeza. Vestía pieles, algo centelleantes, de alguna clase de reptil, y llevaba un gorro del mismo material en la cabeza. Su espada, que llevaba colgada a la espalda, era tan larga que sobresalía unos treinta centímetros por encima de los hombros y casi tocaba el suelo.

Corum tuvo que despertar al último que faltaba. Estaba sentado al extremo de la mesa, con un vaso vacío en su mano enguantada, la cara oculta por el rubio cabello que caía sobre ella. Eructó, se disculpó con una sonrisa, miró a Hawkmoon con ojos desorbitados y cordiales, se sirvió más vino, se bebió todo el vaso, trató de hablar, fracasó y volvió a cerrar los ojos. Empezó a roncar.

-Ese es Reingir-explicó Corum-, apodado «La Roca», pero nunca ha permanecido sobrio el tiempo suficiente para decirnos por qué. Estaba borracho cuando llegó a bordo y ha continuado en tal estado desde entonces, aunque es amable y canta a veces para nosotros.

-¿Y no sabéis por qué se nos ha reunido? -preguntó Hawkmoon-.

Todos somos soldados, pero no parece que tengamos muchas cosas más en común.

-Hemos sido-elegidos para luchar contra algún enemigo del capitán -dijo Emshon-. Sólo sé que no es mi guerra y que preferiría haber sido consultado antes de que seleccionaran. Tenía la idea de irrumpir en el camarote del capitán y apoderarme del barco, en busca de climas más plácidos que éste (¿habéis notado que siempre hay niebla?), pero estos «héroes» no quisieron saber nada. Por vuestras venas corre agua en lugar de sangre. ¡El capitán se tira un pedo y todos salís corriendo!

Los demás se lo tomaron a broma. Era evidente que estaban acostumbrados al braggadocio de Emshon.

-¿Sabéis por qué estamos aquí, príncipe Corum? -preguntó Hawkmoon-. ¿Habéis hablado con el capitán?

-Sí, bastante, pero no diré nada hasta que le veáis.

-¿Cuándo será eso?

-Muy pronto, me parece. Todos fuimos convocados poco después de subir a bordo.

-¡Y no nos dijeron nada! -se quejó Chaz de Elaquol-. Lo único que me interesa saber es cuándo empieza la lucha. Y rezo para que ganemos. ¡Me gustaría luchar en un bando victorioso antes de morir!

John ap-Rhyss sonrió y enseñó los dientes.

-Vuestros numerosos relatos de derrotas, sir Chaz, no nos instilan confianza.

-Me da igual si sobrevivo o no a la siguiente batalla -dijo Chaz con seriedad-, pero tengo la sensación de que será victoriosa para algunos de nosotros.

-¿Sólo para algunos? -Emshon de Ariso bufó y expresó su malhumor con un gesto-. Quizá para el capitán.

-Me inclino a pensar que somos seres privilegiados -dijo Nikhe el Tránsfuga-.


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