Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.189
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Fesfatón. Este navío me rescató cuando estaba a punto de morir ahogado. Pensé que necesitaban un tripulante más, pero me vi convertido en un pasajero.
-¿Quiénes son los tripulantes, pues? -preguntó Hawkmoon, porque no había visto a nadie, aparte de estos guerreros.
Nikhe el Tránsfuga soltó una carcajada y su barba rojiza se agitó.
-Perdonad dijo-, pero no hay marineros a bordo, a menos que contéis al capitán.
-El barco navega por sí solo -explicó Corum en voz baja-. Nos hemos preguntado si el capitán gobierna el barco o el barco le gobierna a él.
-Es un barco embrujado. Ojalá no estuviera aquí -dijo un hombre que aún no había hablado.
Era gordo y vestía un peto de acero grabado con mujeres desnudas, en toda clase de posiciones. Debajo llevaba una camisa de seda roja, y un pañuelo negro adornaba su cuello. Aros de oro colgaban de sus grandes orejas y su cabello negro se derramaba en bucles sobre los hombros. Exhibía una barba negra impecable, acabada en punta, y el bigote se curvaba sobre sus atezadas mejillas, casi hasta sus duros ojos pardos.
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-Soy el barón Gotterin de Nimplaset-in-Khorg y sé adónde se dirige este barco.
-¿Adónde, señor?
-Al infierno, señor. Estoy muerto, como todos los demás, aunque algunos sean demasiado cobardes para admitirlo. Pequé en la tierra con ahínco e imaginación y no me cabe la menor duda de mi destino.
-Vuestra imaginación os traiciona ahora, barón Gotterin -replicó Corum con sequedad-. Adoptáis un punto de vista en exceso convencional.
El barón Gotterin encogió sus grandes hombros y se concentró en el contenido de su copa.
Un anciano surgió de las sombras. Era delgado, pero fuerte, y vestía prendas de cuero manchado y amarillento que acentuaba su palidez. Se tocaba con un gorro de batalla mellado, hecho de hierro y madera; la madera estaba sujeta con clavos de latón. Tenía los ojos inyectados en sangre y su expresión era hosca. Se rascó la nuca.
-Preferiría estar en el infierno que prisionero aquí -dijo-. Soy un soldado, como los demás, y diestro en mi oficio. Me aburro mortalmente. -Cabeceó en dirección a Hawkmoon-. Me llamo Chaz de Elaquol y poseo la característica de no haber servido jamás en un ejército victorioso. Huía derrotado como de costumbre, y mis perseguidores me empujaron hacia el mar. Mi suerte no me sirve de nada en los combates, pero nunca he sido capturado. Sin embargo, éste ha sido el rescate más extraño de todos.
-Thereod de las Cavernas -dijo un hombre todavía más pálido que Chaz-. Bienvenido, Hawkmoon. Se trata de mi primer viaje, y todo me resulta interesante.
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