Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.186
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-No -respondió el soldado rubio. Su voz adquirió de súbito un tono menos afable-. Ella nos sigue.
Libro segundo
Navegando entre los mundos:
navegando hacia Tanelorn...
1. Guerreros a la espera
Hawkmoon miró en derredor suyo mientras Brut de Lashmar se reunía con él en la cubierta. Se había levantado viento y la enorme vela negra empezaba a hincharse. Era un viento conocido, Hawkmoon lo recordaba de una ocasión anterior, como mínimo, cuando el conde Brass y él habían luchado contra Kalan, Taragorm y sus esbirros en las cavernas subterráneas de Londra, cuando la mismísima esencia del Tiempo y el Espacio se había desestructurado, gracias a los esfuerzos combinados de los dos hechiceros más poderosos del Imperio Oscuro. Sin embargo, pese a que el viento no le resultaba extraño, a Hawkmoon le desagradó sentirlo sobre su piel y se quedó más tranquilo cuando Brut le guió hacia el camarote de popa y abrió la puerta. Un agradable calor le dio la bienvenida. Un gran farol que colgaba de cuatro cadenas de plata se balanceaba en el centro de la estancia, y su luz, difuminada por un cristal gris rojizo, bañaba el espacio relativamente grande del camarote. Bajo el farol había una pesada mesa, cuyas patas estaban fijas a las tablas. Varias sillas labradas de gran tamaño estaban clavadas alrededor de la mesa y algunas se veían ocupadas, mientras otros hombres permanecían de pie. Todos miraron con curiosidad a Hawkmoon cuando entró
-Éste es Dorian Hawkmoon, duque de Colonia -dijo Brut-. Me reuniré con mis compañeros en mi camarote. Pronto os llamare, Hawkmoon, porque debemos presentar nuestros respetos al capitán.
-¿Sabe quién soy? ¿Sabe que he subido a bordo?
-Por supuesto. El capitán elige sus tripulaciones con mucho cuidado.
Brut rió y sus carcajadas encontraron eco en los demás hombres, duros y hoscos, que ocupaban la cabina.
Hawkmoon dirigió su atención a uno de los hombres que estaban de pie, un guerrero de facciones inusuales, que llevaba una armadura de confección tan delicada que casi parecía etérea. Llevaba sobre el ojo derecho un parche de brocado y en la mano izquierda una guante de acero plateado, en opinión de Hawkmoon, aunque en el fondo sabía que estaba equivocado. La cara puntiaguda, las cejas finas y rasgadas, el ojo púrpura de pupila amarilla, y el cabello transparente del guerrero delataban bien a las claras su pertenencia a una raza que apenas guardaba relación con la de Hawkmoon. No obstante, Hawkmoon experimentó hacia él una afinidad fuerte, magnética y también aterradora.
-Soy el príncipe Corum de la Túnica Escarlata- dijo el guerrero, dando un paso adelante-. Vos sois Hawkmoon del Bastón Rúnico, ¿verdad?
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