Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.184
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Como la único posibilidad que le quedaba era seguir el consejo de los siete sabios con quienes había hablado la noche anterior, esperó al barco que, según dijeron, iba a venir. Esperó, indiferente a que viniera o no, pero seguro de que lo haría.
Un punto rojo brilló sobre su cabeza. Al principio pensó que era el sol, pero el tono rubí le desengañó. Alguna estrella que brillaba en un firmamento extraño, pensó. La luz roja tiñó la niebla de rosa. Al mismo tiempo, oyó un chapoteo rítmico que procedía del agua y supo que un barco se aproximaba. Oyó que caía un ancla, el murmullo de voces, el sonido de una polea y el ruido de un bote al ser bajado. Devolvió su atención a la estrella roja, pero sólo quedaba su luz. La niebla se abrió. Divisó a lo lejos un barco de altos palos; las cubiertas de proa y popa estaban mucho más altas que la principal. Brillaban faroles a babor y a estribor; subían y bajaban al compás de las olas. Las velas estaban recogidas, el mástil y las barandillas ricamente tallados, y el estilo le resultó por completo extraño.
-Por favor...
Hawkmoon miró a su izquierda y vio al ser. El aura negra bailaba a su alrededor, sus ojos llameantes le amenazaban.
-Ya me estáis irritando -dijo Hawkmoon-. No tengo tiempo para ti.
-La espada...
-Ve a buscar una espada, y después me sentiré muy complacido de luchar contigo, si eso es lo que deseas.
Hablaba en un tono confiado que no estaba a la altura del miedo que le embargaba. Rehusó mirar a la figura.
-El barco... -dijo el ser-. Yo...
-¿Cómo?
-Dejadme ir con vos -dijo el ser-. Puedo ayudaros. Necesitaréis ayuda.
-Pero no la tuya -replicó Hawkmoon, que desvió la vista hacia el agua y distinguió el bote que le enviaban.
Un hombre con armadura se erguía en el bote. Su armadura, en lugar de servir para el propósito práctico de protegerle de armas enemigas, seguía ciertas reglas geométricas. Su enorme casco picudo ocultaba casi toda su cara, pero dejaba al descubierto sus ojos azules y una rizada barba dorada.
-¿Sir Hawkmoon? -La voz del hombre era alegre, cordial-. Soy Brut, un caballero de Lashmar. Creo que nos hemos empeñado en una búsqueda común.
-¿Una búsqueda?
Hawkmoon reparó en que la figura oscura había desaparecido.
-Tanelorn.
-Sí. Voy en busca de Tanelorn.
-En ese caso, encontraréis aliados a bordo de la nave.
-¿Qué es esa nave? ¿Adónde se dirige?
-Sólo lo saben quienes navegan en ella.
-¿Hay alguien a bordo llamado «Capitán»?
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