Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.180
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Esta aventura es muy extraña, una aventura de significado inusual.
Hawkmoon interrumpió el monólogo de su amigo. Señaló el fondo del valle.
-¿Os parece aquello un fuego, Jhary? Un fuego de campamento. Tal vez vayamos a conocer por fin a los habitantes de este mundo.
Sin pararse a discutir sobre la conveniencia de dirigirse hacia el fuego directamente, bajaron la colina y llegaron al fondo del valle. El fuego se encontraba a poca distancia.
Cuando se aproximaron, Hawkmoon vio que un grupo de hombres estaba reunido alrededor del fuego, pero lo más peculiar de la escena era que cada hombre estaba montado a caballo y cada caballo miraba hacia el centro, de manera que el grupo componía un silencioso círculo perfecto. Tan inmóviles estaban los caballos y los jinetes sobre sus sillas, que de no ser por el aliento que escapaba de sus labios Hawkmoon habría jurado que eran estatuas.
-Buenas noches -dijo con osadía, pero nadie contestó-. Somos viajeros extraviados y os agradeceríamos que nos ayudarais a orientarnos.
El jinete más cercano a Hawkmoon volvió su larga cabeza.
-Para eso estamos aquí, señor Campeón. Para eso nos hemos reunido. Bienvenido. Os estábamos esperando.
Ahora que Hawkmoon podía verlo más de cerca, comprobó que el fuego no era un fuego normal, sino una radiación, que emanaba de una esfera del tamaño de su puño. La esfera flotaba a unos treinta centímetros del suelo. Hawkmoon creyó distinguir en su interior otras esferas que giraban. Devolvió su atención a los hombres montados. No reconoció al que había hablado, un negro alto, que iba medio desnudo y se cubría los hombros con una capa de piel de zorro blanco. Ejecutó una elegante reverencia.
-Me lleváis ventaja-dijo.
-Me conocéis -respondió el negro-, al menos en una de vuestras existencias paralelas. Soy Sepiriz, el Ultimo de los Diez.
-¿Y éste es vuestro mundo?
Sepiriz negó con la cabeza.
-Este mundo no es de nadie. Este mundo todavía aguarda a ser poblado -Miró a Jhary-a-Conel-. Yo os saludo, maese Moonglum.
-Ahora me llaman Jhary-a-Conel.
-Sí. Vuestro rostro es diferente. Y también vuestro cuerpo, pensándolo bien. En cualquier caso, habéis hecho bien trayéndonos al Campeón.
Hawkmoon lanzó una mirada a Jhary.
-¿Sabíais adónde íbamos?
Jhary extendió las manos.
-Sólo en el fondo de mi mente. Aunque lo hubierais preguntado, nos os lo habría podido decir. -Contempló el círculo de jinetes-. Habéis acudido todos.
-¿Les conocéis a todos? -preguntó Hawkmoon.
-Creo que sí. Mi señor Sepiriz... de la Sima de Nihrain, ¿no es cierto? Y Abaris, el Mago. -Era un anciano ataviado con una espléndido traje, bordado con curiosos símbolos.
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