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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.164

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.. Me han dicho que no abriga la menor intención de casarse. Me han dicho que ha pensado en la posibilidad de dar un heredero al trono, pero sólo existe un hombre que, en su opinión, sea comparable a D´Averc. Creo que no me expreso con claridad...

-Tienes toda la razón, hija mía. Muy comprensible, porque tu mente está absorta en otros pensamientos. Sin embargo, me conmueve tu preocupación por mis asuntos más nimios. -Al subirse, la manga de brocado dejó al descubierto un antebrazo bronceado y musculoso-. Soy demasiado viejo para casarme. Si pensara en ello, no encontraría una mujer mejor que Flana, pero mantengo la decisión que tomé hace muchos anos, vivir prácticamente retirado en la Kamarg. Además, soy responsable de los habitantes de este país. ¿Darías al traste con todo esto?

-Nosotros nos encargaríamos de esa tarea, como hicimos cuando estuviste...

Yisselda calló.

-¿Muerto? -El conde Brass frunció el ceño-. Me alegra no recordarte de esa forma, Yisselda. Cuando volví de Londra y te encontré aquí, mi corazón se llenó de alegría. No pedí la menor explicación. Me bastaba con que vivieras. De todos modos, recuerdo que te vi morir en Londra hace unos años. Un recuerdo del que me alegraba dudar. Pero el recuerdo de los niños... Vivir bajo el agobio de esos fantasmas, de saber que viven aterrados en algún sitio... ¡Es horroroso!

-Es un horror familiar-dijo Hawkmoon-. Con un poco de suerte, les encontraremos. Con un poco de suerte, no sabrán nada de todo esto. Con un poco de suerte, habiten en el plano que habiten, son felices.

Alguien llamó a la puerta del estudio. El conde Brass respondió con voz malhumorada.

-Entrad.

El capitán Josef Vedla abrió la puerta, la cerró tras de sí y permaneció en silencio unos instantes. El viejo soldado iba vestido de paisano (camisa de ante, justillo y pantalones también de ante y botas de piel ennegrecida). De su cinturón colgaba un largo cuchillo, cuya única utilidad parecía ser un apoyo para su mano izquierda.

-El ornitóptero está casi dispuesto -anunció-. Os conducirá a KarIye. El Puente de Plata ha sido terminado, restaurado en toda su antigua belleza, y gracias a él podréis trasladaros hasta Deauvere, tal como era vuestra intención, duque Dorian.

-Gracias, capitán Vedla. Me complacerá realizar este trayecto por la ruta que utilicé cuando llegué por primera vez al castillo de Brass.

Yisselda, sin soltar la mano de su padre, extendió la otra mano y cogió la de Hawkmoon. Escrutó su rostro unos instantes y sus dedos aumentaron la presión. Hawkmoon respiró hondo.

-Es hora de partir -dijo.

-Hay más noticias...

Josef Vedla titubeó.


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