Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.161
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Jhary, sin hacerle caso, se volvió hacia Ilian, que estaba apoyada como mareada contra la pared de la cueva.
-Dadme la joya -dijo-. La joya negra, Ilian. Dádmela.
Y cuando Ilian introdujo la mano en la bolsa, palpó algo cálido, algo que vibraba.
-¡Está viva! -exclamó-. ¡Viva!
-Sí -contestó Jhary, con voz perentoria y débil-. Deprisa, arrodillaos a su lado...
-¿Al lado del cadáver?
Ilian retrocedió.
-¡Haced lo que digo! -Jhary apartó a Yisselda del cadáver de Hawkmoon y obligó a Ilian a arrodillarse-. Ahora, colocad la piedra sobre su frente, sobre la cicatriz.
Ilian, temblorosa, obedeció.
-Apoyad vuestra frente sobre la joya.
Se inclinó, su frente tocó la joya y de repente cayó dentro y a través de la joya, y mientras caía, otra persona cayó hacia ella. Fue como si se precipitara hacia su propia imagen, reflejada en un espejo. Lanzó un grito...
Oyó el débil «¡Adiós!» de Jhary y trató de responder, pero no pudo.
Siguió cayendo por pasillos sucesivos de sensaciones, recuerdos, culpa y redención...
Y fue Asquiol y Arflane y Alaric. Fue John Daker, Erekose y Urlik. Fue Corum y Elric y Hawkmoon...
-¡Hawkmoon!
El nombre pronunciado por sus labios fue como un grito de batalla. Combatió contra el barón Meliadus y Asrovak Mikosevaar en la batalla de la Kamarg. Volvió a combatir contra Meliadus en Londra y Yisselda estaba a su lado. Yisselda y él contemplaron el campo de batalla cuando todo hubo terminado y vieron que de sus camaradas sólo habían sobrevivido...
-¡Yisselda!
-Estoy aquí, Dorian. ¡Estoy aquí!
Abrió los ojos y dijo:
-¡Así que Katinka van Bak no me traicionó! Sin embargo, con qué argucia tan complicada me ha llevado hasta ti. ¿Por qué urdió una estratagema tan complicada?
-Quizá lo averiguaréis un día -susurró Katinka desde su litera-, pero no de mis labios, porque debo ahorrar aliento. Necesito que los dos me saquéis de estas montañas y me acompañéis a Ukrainia, donde deseo morir.
Hawkmoon se levantó. Estaba horriblemente entumecido, como si hubiera yacido durante meses en aquel lugar. Observó sangre en los vendajes.
-¡Estáis herida! No me había dado cuenta. Al menos, no recuerdo...
Apoyó la mano en la frente. Notó algo caliente, como sangre, pero cuando apartó los dedos sólo distinguió una leve radiación oscura, que se extinguió al cabo de un segundo.
-¿Cómo...? ¿Jaherek? Es imposible...
Katinka van Bak sonrió.
-No. Yisselda os contará cómo me la hice.
Una mujer habló con voz suave y vibrante junto a Hawkmoon.
-Recibió la herida ayudando a salvar un país que no es el suyo.
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