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Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) - pág.158

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-Me contaron la historia de la espada de Hawkmoon -dijo Katinka-. La llamaban la Espada del Amanecer. Tenía la facultad de convocar a guerreros de otros planos, de otras épocas. ¿Pudo convocar otra espada a Ymryl?

Apenas sabía lo que estaba diciendo.

Jhary-a-Conel, sostenido por Yisselda de Brass, surgió cojeante del polvo levantado por la batalla. Tenía un corte poco profundo en la pierna.

-De modo que, a fin de cuentas, nos habéis salvado, Ilian -dijo-. ¡Como lo habría hecho el Campeón Eterno! -Sonrió-. Aunque no lo hace siempre, debo admitirlo...

-¡Os he salvado? No, soy incapaz de explicarlo. ¡Ymryl se evaporó!

-Matasteis a Kalan. Fue Kalan quien moldeó las circunstancias que permitieron a Ymryl y los demás acceder a Garathorm. Muerto Kalan la brecha del multiverso ha empezado a cerrarse. Al mismo tiempo, devuelve a Ymryl y los suyos a sus respectivas épocas. Estoy seguro que ésa es la explicación. Vivimos tiempos extraños, Ilian de Garathorm. Casi tan extraños para mí como para ti. Estoy acostumbrado a que los dioses hagan su voluntad..., pero Arioco está corldenado. Me pregunto si los dioses mueren en todos los planos.

-Nunca han existido dioses en Garathorm- contestó Ilian.

Se inclinó para examinar la herida de Katinka van Bak, confiando en que no fuera tan grave como aparentaba, pero aún era peor. Katinka van Bak estaba agonizando.

-¿Todos han desaparecido, pues? -preguntó Yisselda, sin darse cuenta todavía de que su amiga estaba mortalmente herida.

-Todos..., incluidos los cadáveres -dijo Jhary. Rebuscó en la bolsa de su cinturón-. Esto la ayudará -explicó-. Una poción que calma el dolor.

Ilian acercó el frasco a los labios de Katinta, pero la mujer meneó la cabeza.

-No -dijo-, me dormirá. Quiero permanecer despierta el poco tiempo que me queda. Además, he de volver a casa.

-¿A casa? ¿A Virinthorm? -preguntó Ilian en voz baja.

-No, a mi verdadero hogar. Al otro lado de las Montañas Búlgaras. -Katinka buscó con la vista a Jhary-a-Conel-. ¿Queréis llevarme allí Jhary?

-Hemos de improvisar una camilla. -Llamó a Lyfeth, que acababa de llegar-. ¿Podéis pedir a vuestra gente que prepare una camilla?

-¿Seguís todos con vida? -preguntó Ilian con aire ausente-. ¿Cómo es posible? Pensaba que habíais ido a reuniros con vuestros muertos...

-¡El pueblo marino! -exclamó Lyfeth, mientras se marchaba para preparar la camilla-. ¿No les habéis visto?

-¿El pueblo marino? Tenía toda la atención puesta en aquel demonio...

-Cuando Jhary se precipitó hacia el campamento, vimos sus banderas. Por eso decidimos atacar en aquel momento. ¡Mirad!

Lyfeth señaló hacia los árboles.

Ilian sonrió complacida cuando vio a los guerreros, armados con grandes arpones submarinos y montados sobre enormes animales parecidos a focas.


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